Primera Semana – Peregrinos de Esperanza – Seminario de Fasta
Todo comenzó en la intimidad de la noche frente a la tierna mirada de la Virgen de Luján. Envueltos en la oscuridad y el silencio de la Basílica que sabe recibir a miles de peregrinos diariamente. Allí estábamos, solo los nueve y ella, nuestra madre. Rezamos la oración de la noche, cantamos “La Salve” y nos acurrucamos en distintos lugares del inmenso y vacío templo para seguir hablando a solas con María, mientras ella arrullaba nuestro sueño.
A la mañana siguiente, domingo, tuvimos la Misa de envío. A Basílica llena el P. Andrés predicó sobre el conocimiento íntimo de Jesús revelado por Juan que exclama: Este es Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios. Con la centralidad de Juan Bautista, el profeta destinado a preparar los caminos del Señor iniciaba nuestro caminar. Mientras tanto, en Traslasierra, se comenzaba la semana Brocheriana.
El símbolo central del principio ha sido, sin duda, la mochila con las cintas de ajuste colocadas para transportar la Virgen. Aquello que comenzó como una necesidad práctica por la cantidad de miembros de la Peregrinación y el peso de la imagen, se convirtió en un signo revelador. La mayor cantidad del tiempo, María no avanza en un anda, en una angarilla o una mochila de traslado, lo hace en una mochila de montaña. Ajustada con los broches y cinturones que saben de mosquetones, piquetas, aislantes o bolsas de dormir; la Virgen es llevada “a lo Fasta”, en una mochila que rememora marchas, ascensiones y campamentos.

Durante la primera semana hemos recorrido territorio principalmente mariano por su pertenencia a la diócesis de san Nicolás. Lugar de las apariciones de la Virgen del Rosario de san Nicolás.
Entre las diferentes manifestaciones de afecto a la Virgen llama la atención la emoción de las personas en los distintos pueblos al encontrarse con la imagen en camino, hemos visto gente llorar. Autos que se detienen en doble fila y baja el conductor para tocar a la Virgen y preguntar a dónde vamos. Me llamó la atención de modo particular un hombre que pasó en una moto y le gritó: “¡Adiós Hermosa!”.

Por ahora gran parte del recorrido coincide con el histórico “camino real”. Entremezclando partes de tierra y pavimento, “el camino real”, supo ser la senda frecuente desde Buenos Aires al interior del país que transitaron importantes personalidades de la historia de nuestra patria. Los Virreyes de la colonia, la Mama Antula, San Martín, Belgrano, Güemes, el Cura Brochero, Santiago de Liniers, la Beata Cresencia Pérez y la lista sería interminable. Nunca más oportuno decir que “marchamos por la senda de santos y héroes”. En cada pueblo hay lugares, historias y nombres que han ido dibujando la fisionomía del pueblo argentino.

Las recepciones en los pueblo son discretas y cargadas de afecto y cariño. Almacenes que no quieren cobrar nuestra compra, música con acordeón para animar la noche, botellas de agua fría, higos en almíbar, helado y ofrecimiento de las propias casas para pasar la noche. En cada lugar conocemos historias vida muy distintas a las nuestras. Conmueve el testimonio de muchos laicos que quedan cuidando la capilla del pueblo porque el párroco pasa periódicamente. Ellos mantienen encendida la llama de la fe. Dan catequesis, llevan la comunión a los enfermos, cuidan el mantenimiento de los edificios y reúnen a la comunidad para rezar y acompañarse. Aquí vale el especial recuerdo de Marta de la localidad de Juan Anchorena, mujer de 84 años que nos recibió con muchísimo cariño y de Don Sosa del pueblo de Pearson, con quién compartimos parrilla y truco.
Los curas que nos han recibido, lo han hecho con mucho afecto también. Es simpático el contraste de estilos y misiones que llevan adelante. Con todos ellos hemos almorzado o cenado y hemos visto que están lejos de otros curas, lo que hace que la tarea pastoral sea bastante solitaria.
En los distintos pueblos y ciudades hemos podido celebrar misa, confesar y bendecir. Una de las experiencias más intensas ha sido que al llegar a un pueblo nos buscaron por un intento de suicidio de una persona joven. Pudimos asistirla, acompañar a la familia y darle los sacramentos. Todo muy providencial. Valga una mención especial a Salvador, un niño de ocho años que se acercó en una plaza que estábamos confesado para pedir por propia iniciativa su primera confesión. Cuando le pregunté si sabía cómo hacerlo, me respondió: “padre soy católico”. A la vez que decía a su hermanita menor: “por favor andate que esto es privado”.
Junto a la constante presencia de la Virgen se arriman otros santos. La Beata Cresencia Pérez nos cruzó en Pergamino. Pudimos escuchar su historia contada por las hermanas de Huerto y rezar delante de sus restos. Esto ha sido particularmente significativo porque fue en una casa de esa congregación donde los seminaristas de Fasta, junto al padre Fosbery, realizaban su retiro anual y recibían sus ministerios a las órdenes menores. Allí nosotros veíamos las imágenes de Cresencia sin saber quién era. También las religiosas nos dijeron que nos conocían porque ellas también iban a esa casa de retiro y leían en el libro de actas muchas tonteras que escribíamos los “fraticcellis” y las hacían reírse. Por otra parte la Mama Antula, ha ido apareciendo durante todo el camino pero especialmente en nuestra estadía en Pearson. Ese día recibimos un mensaje de la Priora del Monasterio santa Catalina de las dominicas de san Justo, diciendo que la carta que les había enviado pidiendo oraciones por la peregrinación, estaba bajo una reliquia de la santa; y esa tarde nos acompañó en la misa un cura misionero que partía para el África llevando una reliquia de la Mama Antula que pudimos venerar. Señalamos también, la sutil y reiterada aparición del apóstol Santiago une nuestro caminar a una de las peregrinaciones más emblemáticas de la historia de la Iglesia, a saber, el camino de Santiago. Brochero por su parte va haciendo lo suyo. Va cruzando a la gente en el camino y ha interpelado de modo particular a algunos sacerdotes.
Nos conmueve la cantidad de pedidos de oración que nos hacen llegar por mensajes y que nos confian en nuestro peregrinar. María se abre camino en la pampa y en los corazones de sus hijos. Ella nos lleva y nos ayuda a llegar. Y María, es imagen y modelo de la Iglesia, por eso nos queda claro que es la Iglesia la que nos ayuda a avanzar en sus personas, comunidades y oraciones. Así como al sacerdote lo forma, lo acompaña y convierte la comunidad que es Iglesia particular, así también la Iglesia va configurando nuestro peregrinar.
Las jornadas comienzan a las cuatro de la mañana. El sol es intenso, la inmensidad de los campos nos abraza. Las noches pobladas de estrellas auguran el cumplimiento de la promesa hecha a nuestro padre Abraham. Caballos, sembrados, ganado, zorros, liebres, perdices, horneros y todo tipo de aves acompañan con miradas y movimientos el flamear de nuestras banderas. Imposible no recordar aquellas líneas del himno del congreso eucarístico del 34:
Conocen tu nombre
La urbe y el río,
La línea que es Pampa
Y el germen que es trigo.
Y cálidas notas
De timbre argentino
Saludan tu hechura
De Dios escondido.
Seguimos en marcha entre pampas, cardos y ortigas con Virgen María, mochila y corazón.






