Lo que hace 31 días parecía una empresa utópica, hoy es una realidad que conmueve a toda la Ciudad Miliciana. Tras recorrer 760 kilómetros a pie, los «Peregrinos de Esperanza» hicieron su ingreso a la Villa Cura Brochero. Los rostros curtidos por el sol, los pies cansados pero el corazón encendido, marcaron el final de una travesía épica que unió la Basílica de Luján con el altar del «Santo Gaucho».
Villa Cura Brochero, Traslasierra – 17 de febrero de 2026 – Portando en sus hombros la imagen de la Virgen de Luján y la reliquia de San José Gabriel del Rosario Brochero, los diez seminaristas ingresaron a la plaza principal rodeados de una multitud. Fueron guiados durante todo el trayecto por el padre Andrés Quiroga (Regente), el padre Pedro Giunta (Rector) y el padre Federico Rossini (Director Espiritual), acompañados por numerosos sacerdotes de la Fraternidad y de las distintas diócesis que se sumaron a la vera del camino.

Llegaron precedidos por varios jinetes a caballo que portando banderas argentinas y de Fasta que acompañaron los últimos kilómetros de marcha que también la realizaron templarios, adalides, escuderos, caperucitas y miembros de la mayor de la jurisdicción Córdoba. La banda militar los recibió en la plaza principal frente a la parroquia
Un objetivo cumplido: «Entregar el Seminario a María y Brochero»
Desde el inicio en Luján, el propósito de los jóvenes era claro: «Queremos entregar el Seminario en manos de María y de Brochero». Buscaban orar por las vocaciones, purificar el corazón y dar gracias por el camino recorrido. Sin embargo, la Providencia les tenía preparado algo mucho más grande.

Como bien señaló Alejandro Campos, vicepresidente de Fasta, quien acompañó varios tramos: «Lo que comenzó como una peregrinación para orar por las vocaciones, para purificar y dar gracias, se convirtió en una peregrinación misionera». En cada pueblo, desde la paz encontrada en Arequito hasta el histórico paso por Leones, los seminaristas se transformaron en instrumentos de gracia para miles de personas.
Crónica de una proeza: De la pampa a las nubes
La marcha atravesó diversas etapas que quedaron grabadas en la memoria de la Ciudad
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Los hitos del camino: Al alcanzar los primeros 230 kilómetros, la mística ya era palpable. A las dos semanas, la resistencia se puso a prueba, llegando a los 500 kilómetros con una fe inquebrantable.
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«Diez locos hermosos»: Así fueron bautizados por la prensa nacional tras enfrentar jornadas de 35 grados y tormentas de barro. Su paso por Rosario y Villa María dejó una huella de «caridad intelectual» y alegría evangélica.
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El desafío de las Altas Cumbres: El cruce de los 700 kilómetros a más de 2200 metros de altura fue la prueba de fuego. Allí, el aliento de Monseñor Alejandro Musolino y la oración de la retaguardia fueron el motor para no detenerse.
Un recibimiento con sabor a gloria
La llegada a la Villa fue un estallido de emoción. Miles de mensajes de aliento llegaron desde todos los rincones del mundo —desde Valencia hasta Kinshasa— inundando las redes de Fasta. Una gran cantidad de milicianos de la jurisdicción de Fasta Córdoba, junto a delegaciones de Tucumán, Buenos Aires y San Francisco, formaron un cordón de honor y alegría.
Las lágrimas brotaron espontáneamente cuando los seminaristas, al pie del altar de Brochero, depositaron sus mochilas. Eran mochilas cargadas no solo de ropa, sino de miles de intenciones, fotos de familias, pedidos de salud y agradecimientos que fueron recolectando en cada rincón de la pampa y la sierra.
La misión continúa
Los «Peregrinos de Esperanza» han demostrado que la fe es capaz de mover montañas y de unir pueblos. Al llegar a la casa del Cura Gaucho, el Seminario de Fasta no solo cumplió un objetivo institucional, sino que renovó el espíritu misionero de toda la Ciudad Miliciana.
Hoy, la Villa Cura Brochero no solo recibe a diez caminantes; recibe el fruto de una Iglesia que camina, que no se queja y que encuentra en cada marcha algo nuevo para amar.
¡Misión cumplida, Peregrinos! ¡San José Gabriel del Rosario Brochero, ruega por nosotros!





