Por Alexandra Chiriboga
Queremos compartir con profunda alegría y gratitud la experiencia vivida junto al Padre Eduardo y la comunidad de FASTA Quito, quienes tuvimos la bendición de acompañar a los fieles de la Iglesia de La Tola Grande, en el sector de Tumbaco, durante una jornada muy especial del Triduo Pascual.

Fue un encuentro profundamente espiritual, marcado por la fe viva de una comunidad unida, que nos acogió con generosidad y sencillez. Los ritos celebrados en este día santo nos permitieron recogernos, reflexionar y renovar nuestro compromiso cristiano, viviendo con intensidad cada momento de oración, recogimiento y esperanza.

Agradecemos de corazón el testimonio de fe de los habitantes de este querido sector, quienes, con su devoción y entrega, hicieron de esta jornada un verdadero signo de comunión y de encuentro con el Señor.
Jueves Santo
En este día tan sagrado, donde contemplamos el amor entregado de Cristo en la cruz, vivimos momentos de intensa espiritualidad que tocaron nuestros corazones. De manera especial, el gesto del lavatorio de los pies se convirtió en un signo vivo de humildad, servicio y amor fraterno, recordándonos el llamado a servir a los demás con generosidad y sencillez, tal como Jesús nos enseñó.

Compartir este rito con la comunidad fue una experiencia profundamente conmovedora, en la que se fortalecieron los lazos de fe, unidad y entrega. La participación de todos permitió vivir un verdadero encuentro con el Señor, renovando nuestro compromiso cristiano en este tiempo del Triduo Pascual.
Agradecemos sinceramente a la comunidad de La Tola.

El día sábado vivimos como comunidad de Fasta Quito un profundo y significativo momento de reflexión junto al Padre Eduardo Lloveras, en el que meditamos sobre los dolores de la Virgen María, contemplando su amor, su fortaleza y su entrega total al plan de Dios.

Este hermoso espacio lo compartimos en la casa de la familia Aguilar Martínez, quienes nos recibieron con gran generosidad y cariño, creando un ambiente propicio para el encuentro, la oración y la cercanía fraterna.

Durante la reflexión, pudimos profundizar en cómo Jesús, en medio de su camino hacia la pasión y la cruz, fue preparando el corazón de su Madre para aceptar con fe y esperanza todo lo que estaba por venir. María, con valentía y abandono en Dios, nos enseña a acompañar a su Hijo en el dolor, manteniéndonos firmes incluso en los momentos más difíciles.

Como católicos, estamos llamados a vivir este tiempo con recogimiento, a acompañar espiritualmente a Jesús en su entrega redentora y a dejarnos transformar por su amor.






