¿Por qué la Iglesia Católica debería impulsar el turismo religioso? Adrián Lomello explica sus beneficios

Nelson Santillan

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Por Diego López Marina para Aciprensa

El turismo religioso mueve a cientos de millones de personas cada año, genera miles de millones de dólares y tiene una presencia especialmente importante en América Latina.

Sin embargo, todavía no está suficientemente aprovechado. Para Adrián Lomello, director para América de la Red Mundial de Turismo Religioso, esta situación es una oportunidad que la Iglesia no debería dejar pasar.

En entrevista con ACI Prensa, Lomello explicó que las peregrinaciones no son un fenómeno nuevo ni dependen de las estrategias que puedan desarrollar los gobiernos o las empresas.

“Las peregrinaciones y las manifestaciones de fe constituyen un fenómeno que existe desde hace siglos» y que «va a seguir ocurriendo», afirmó.

La pregunta, entonces, es qué hacen los destinos con esos visitantes y cómo pueden recibirlos mejor sin perder su identidad religiosa.

Un fenómeno que mueve millones

Según los datos de la Red Mundial de Turismo Religioso, alrededor de 400 millones de personas se movilizan cada año hacia destinos de fe. Esto representa aproximadamente el 20% del movimiento turístico mundial.

Solo el turismo de peregrinación genera un movimiento económico cercano a los 18.000 millones de dólares, según la red.

América Latina tiene una participación importante en este fenómeno. La región recibe alrededor de 80 millones de peregrinos al año y este segmento registra un crecimiento estimado de entre 6 % y 8 % anual, de acuerdo con los datos de la Red Mundial de Turismo Religioso.

“Este sector turístico debe ser visibilizado, entendido y debe tener estrategias para su desarrollo”, sostuvo Lomello.

Algunos ejemplos dan una idea de la magnitud del fenómeno.

La Basílica de Guadalupe, en México, recibe cerca de 22 millones de visitantes cada año. En Brasil, el Santuario Nacional de Aparecida congrega aproximadamente a 12 millones de peregrinos.

También está el caso de La Tirana, en el norte de Chile. Durante sus celebraciones religiosas, un pueblo de unos 1.500 habitantes llega a recibir más de 150.000 peregrinos procedentes principalmente de Chile, Perú y Bolivia.

“Independientemente de cómo se organicen, esas personas seguirán llegando año tras año porque responden a una profunda motivación espiritual”, explicó Lomello.

América Latina tiene los recursos, pero falta organización

Para Lomello, aquí aparece una de las principales contradicciones de la región.

América Latina cuenta con más de 3.000 santuarios catalogados, cientos de rutas de peregrinación, importantes celebraciones religiosas y un patrimonio construido durante siglos.

Pero ese patrimonio no siempre está acompañado de infraestructura, información, servicios o políticas que permitan aprovecharlo adecuadamente.

«Hoy es un sector invisible. No lo ven ni las iglesias. No lo ve el sector público ni lo ven las empresas», afirmó.

El especialista considera que las diócesis suelen estar concentradas en mantener sus templos y desarrollar su actividad pastoral. Los gobiernos, por su parte, atienden otras necesidades y las empresas buscan oportunidades de negocio.

El resultado es que existe un movimiento constante de peregrinos, pero muchas veces nadie se ocupa de organizar todo lo que ocurre alrededor de ellos.

«Tenemos recursos extraordinarios, pero un recurso, por sí solo, no genera desarrollo. Es necesario transformarlo en un producto turístico», señaló.

Eso no significa convertir un santuario en un atractivo turístico más. Significa, explica Lomello, “crear las condiciones para que quien llega pueda desplazarse, alimentarse, descansar, conocer el lugar y comprender su historia”.

Tener un santuario no es suficiente

Lomello insiste en que una iglesia, una basílica o una peregrinación multitudinaria no bastan para construir un destino de turismo religioso. «Hay que tener productos, hay que desarrollar productos», afirmó.

¿Y qué significa eso?

«El producto es una narrativa, una visibilización por redes sociales, señalética, infraestructura adecuada, baños, gastronomía, camino, transporte y comunicación», respondió.

Por ejemplo, una persona puede llegar a un santuario para participar de una celebración y regresar al poco tiempo a su lugar de origen. Pero si alrededor existen museos, rutas, gastronomía, patrimonio, actividades culturales y otros espacios que pueda conocer, la experiencia puede prolongarse.

«Esto es lo que queremos que hagan las ciudades: que ofrezcan otras cosas, buena gastronomía, actividades atractivas, museos, eventos «, afirmó.

El dinero no se queda solamente en el santuario

Para Lomello, una de las ventajas del turismo religioso es precisamente que el dinero puede distribuirse entre distintos sectores de la comunidad.

«El peregrino llega, consume en el lugar, compra artesanías, pernocta, se queda un día más, va a un museo. Se derrama dinero en toda la comunidad», explicó.

Esto puede beneficiar a hoteles, restaurantes, comerciantes, artesanos, transportistas y otros trabajadores. También puede ayudar a conservar los propios templos y espacios religiosos.

«El turismo religioso no le va a quitar protagonismo a la Iglesia, le va a dar recursos», sostuvo.

Pero Lomello subraya que el turismo religioso no puede reducirse a una cuestión económica, ya que “la ganancia espiritual es fundamental”.

Un peregrino que llega a un santuario puede estar buscando algo más que conocer un lugar. Puede querer rezar, confesarse, participar de una Misa o simplemente reconectarse con la fe.

«El impacto de un buen relato espiritual es una conversión. Que alguien, a través del turismo religioso, llegue y se impacte por el relato, por las imágenes y pida una confesión. Es una conversión», señaló.

El Camino de Santiago como referencia

Una de las experiencias que pueden servir como referencia es el Camino de Santiago, en España.

Según los datos compartidos por la Red, la ruta recibe alrededor de 530.000 peregrinos al año y genera un impacto económico estimado en 500 millones de euros, tras décadas de planificación.

La comparación resulta interesante para América Latina, donde existen numerosas rutas y destinos religiosos que reciben grandes cantidades de personas, pero que todavía no cuentan con planificación.

«La diferencia no está solo en el patrimonio. Está en la decisión política. Los destinos que ignoran su patrimonio espiritual no cometen un error cultural. Cometen un error estratégico de desarrollo económico «, sostiene Lomello.

«Alcen la mirada»

Lomello considera que la Iglesia tiene un papel importante que cumplir en este proceso, pero no puede hacerlo sola. Se necesita coordinación entre diócesis, parroquias, autoridades, empresarios y comunidades locales.

También hacen falta datos. La región necesita saber cuántos peregrinos recibe, de dónde vienen, cuánto tiempo permanecen, qué servicios utilizan y cuáles son sus necesidades.

La Red Mundial de Turismo Religioso plantea, entre otras medidas, crear observatorios del sector, desarrollar políticas públicas específicas, digitalizar los destinos, capacitar a quienes trabajan con peregrinos y generar espacios de intercambio entre los distintos actores.

Para Lomello, el primer paso es cambiar la manera de mirar el fenómeno.

«Como decía el Papa en España: ‘Alcen la mirada’. Alcen la mirada. Vean el segmento del turismo religioso: una oportunidad de desarrollo», exhortó.

Y esa oportunidad, insiste, no debería ser vista como una competencia para la misión de la Iglesia.

«Es un momento de levantar la mirada, de decir: señores, aquí hay una oportunidad. Trabajemos todos juntos, porque esto es en beneficio de todos. No me cabe la menor duda», concluyó.

Top 10 de los destinos de turismo religioso más concurridos de América Latina

Según los datos recopilados por la Red Mundial de Turismo Religioso, estos son los diez principales destinos y celebraciones religiosas de América Latina, América Central y el Caribe por número estimado de visitantes anuales:

  1. México — Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe: 20 millones.
  2. Brasil — Santuario de Nuestra Señora Aparecida: 12 millones.
  3. Argentina — Santuario de Nuestra Señora de Luján: 10 millones.
  4. Perú — Santuario del Señor de los Milagros: 5 millones.
  5. Colombia — Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá: 4 millones.
  6. Guatemala — Basílica de Nuestra Señora del Rosario: 3,5 millones.
  7. Ecuador — Santuario de Nuestra Señora de El Quinche: 2,5 millones.
  8. Venezuela — Basílica de Nuestra Señora de Coromoto: 2 millones.
  9. Chile — Santuario de la Virgen de Lo Vásquez: 1,5 millones.
  10. República Dominicana — Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia: 1,5 millones.

Fuente: Aciprensa 

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