El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, recordó este domingo la figura del diplomático italiano católico, Luca Attanasio, que fue asesinado hace cinco años en la República Democrática del Congo (RDC) mientras acompañaba una misión humanitaria del Programa Mundial de Alimentos (PAM).
Por Victoria Cardiel para Aciprensa – 23 de febrero de 2026
En una Misa celebrada en Limbiate (norte de Italia), su ciudad natal, en la iglesia de San Giorgio, el Cardenal Parolin puso en valor su “legado” como modelo para “continuar construyendo un mundo donde la paz sea más deseada que la guerra, donde la amabilidad sea más necesaria que la violencia, donde la solidaridad sea más eficaz que el lucro”.
Según reportó Vatican News, el cardenal subrayó que, como cristiano, Attanasio ofreció su vida “acogiendo la llamada a construir un mundo mejor no solo con pensamientos e hipótesis, sino con palabras y gestos reales, verdaderos y sinceros”, dejando una profunda huella de dedicación que trascendía el deber diplomático.
La concreción de la caridad
Para el secretario de Estado, Attanasio deja un ejemplo de amor que se ve “en el deseo de acercarse a quienes están en necesidad, en la concreción de la caridad”, a través de gestos que testimonian “las muchas atenciones reservadas a los más pobres y a las comunidades de misioneros que encontró en el ejercicio de sus funciones institucionales”.
También sus palabras, formadas en la escuela de la Palabra de Dios, permitieron a Attanasio “hacerse comprender para llevar un mensaje de paz y consuelo, además de competencia”.
El purpurado destacó que la memoria de Attanasio “continúa interpelando la conciencia colectiva, porque hay vidas que, incluso cuando se rompen trágicamente, permanecen como una pregunta abierta sobre el sentido del servicio, de la responsabilidad y de la dedicación al bien común”.
Su vida, centrada en el servicio del Estado y en la promoción de la cooperación entre los pueblos, se desarrolló “en contextos complejos, en los cuales el interés, el prestigio y la fuerza parecen a veces prevalecer”, aseguró.
El purpurado concluyó subrayando que su vida sigue planteando una pregunta exigente: “¿Qué lógica guía nuestras elecciones personales y colectivas? ¿La de la utilidad inmediata o la del servicio fiel?”. Según el Cardenal Parolin, los desafíos del mundo contemporáneo requieren discernir entre “lo que parece eficaz en el momento y lo que es conforme a la voluntad de Dios”.
Diplomático de carrera, católico y de carácter afable
La vida de Luca Attanasio estuvo marcada por una vocación temprana de servicio y la ingenuidad bondadosa de los que quieren cambiar el mundo. Diplomático de carrera, católico y de carácter afable, representó a una nueva generación de embajadores convencidos de que el compromiso internacional debe tener rostro humano.
En 2017 se mudó —con su mujer Zakia Seddiki, marroquí y musulmana, y sus tres hijas— a Kinsasa, capital de la República Democrática del Congo (RDC), donde fue designado como jefe de la misión diplomática.
A los dos años llegó el nombramiento como embajador. Recién cumplidos los 40, Luca se convirtió en el representante diplomático más joven de Italia. Una misión que vivía sin protocolos ceremoniosos, con las botas de montaña puestas para poder visitar a las comunidades más desfavorecidas del país.
Junto a Seddiki fundó la asociación Mamá Sofía para sacar a los niños de la calle, con el objetivo de darles una educación y un futuro. La suya fue una vida de heroísmo que acabó truncada el 22 de febrero de 2021 en un crimen que todavía no se ha esclarecido.
Luca viajaba en un convoy del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas junto al policía italiano Vittorio Iacovacci, de 30 años, y el conductor congoleño Mustapha Milambo, que también fueron asesinados en una brutal emboscada.
Habían salido temprano de la ciudad de Goma para visitar una escuela situada en la localidad de Rutshuru, en el noreste del país africano, a la que iban a llevar alimentos.
Las autoridades judiciales italianas siguen investigando las circunstancias en las que se perpetró el ataque en la zona fronteriza con Ruanda, muy peligrosa porque escapaba al control de las autoridades y estaba infestada de grupos rebeldes.
Poco después del asesinato, el PMA indicó que se había producido en una carretera previamente controlada.
Las circunstancias del atentado siguen envueltas en interrogantes. Las investigaciones judiciales han tratado de esclarecer responsabilidades en un contexto complejo, marcado por la presencia de milicias y por la fragilidad del control estatal.






