Fasta reconoció al miliciano Julio Parravicini

Nelson Santillan

San Salvador de Jujuy – 13 de marzo de 2026 – En una mañana cargada de emoción y gratitud, la Ciudad Miliciana en Jujuy rindió un justo homenaje a uno de sus referentes más queridos. El Presidente de Fasta, el Pbro. César Garcés Rojas y el Vicepresidente Ejecutivo de Fasta Alejandro Campos encabezó el acto de reconocimiento a la entrega del Miliciano Julio César Parravicini, quien culminó su misión como Apoderado Legal en la provincia.

El encuentro, que reunió a autoridades, docentes y miembros de la comunidad, sirvió para repasar una trayectoria de vida puesta al servicio de la Iglesia y del carisma de Fasta. Mario Guerrero, responsable de comunicaciones del Colegio, destacó el impacto de su gestión: «Durante la celebración, la comunidad expresó un sentido homenaje al Mil. CPN Julio César Parravicini, quien, tras más de 36 años de entrega y servicio, deja una huella imborrable en la historia del colegio». También estuvieron presentes el Director General de la Red Educativa, Juan Manuel Del Valle Ricci y los capellanes David Bertinetti y Matías Poccioni

Un liderazgo desde la serenidad y la firmeza

La figura de Julio Parravicini en Jujuy se asocia indisolublemente a un estilo de conducción muy particular. Poseedor de un liderazgo nato, su autoridad nunca necesitó de estridencias ni de levantar la voz. Por el contrario, su gestión —primero como Rector y luego como Apoderado Legal— se caracterizó por la templanza, la escucha y una sabiduría práctica que permitió al Colegio Fasta San Alberto Magno OP sortear desafíos y crecer institucionalmente.

Este liderazgo «en voz baja», pero de acciones firmes, fue el motor que impulsó la consolidación de la presencia de Fasta en el norte argentino, haciendo del colegio un referente educativo y espiritual en la región.

Testimonio de familia miliciana

Uno de los aspectos más emotivos destacados durante el reconocimiento fue su vida personal como cimiento de su labor pública. La misión de Julio fue siempre acompañada y potenciada por su esposa, la miliciana Carmen Marchetti. Juntos, conformaron una familia que es testimonio vivo del compromiso miliciano, involucrando a sus hijos en la misma pasión por la educación y la evangelización.

«Su labor fue acompañada siempre por su esposa e hijos, testimonio vivo de compromiso y misión compartida», recalcó Guerrero. Esta «iglesia doméstica» fue la que sostuvo, durante casi cuatro décadas, la entrega incondicional de Julio a la Ciudad.

Un nuevo capítulo institucional

La salida de Parravicini de la función ejecutiva no se vive como un cierre, sino como una transición fecunda. Como señalaron las autoridades, este acontecimiento marca un nuevo capítulo en la vida institucional del colegio, reafirmando la continuidad de una misión que ya tiene raíces profundas gracias al trabajo de pioneros como él.

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