Una nueva tragedia ha azotado una mina en la región de Kivu, Congo, devastada por la guerra y bajo el control de los rebeldes del M-23. Decenas de personas están desaparecidas y el número de muertos parece estar en aumento.
Más de 200 personas murieron en un deslizamiento de tierra masivo en la mina de Rubaya, en el este de la República Democrática del Congo. Fuentes gubernamentales en Kinshasa confirmaron la noticia, especificando que la mina, que abarca varias decenas de kilómetros cuadrados y está controlada por militantes del grupo rebelde M23, se encuentra en el territorio de Masisi, a unos 70 kilómetros al oeste de Goma, capital de la conflictiva provincia de Kivu del Norte.
El presupuesto todavía es provisional
Sin embargo, se teme que el número de víctimas del desastre sea mucho mayor. Muchas personas siguen desaparecidas. Entre las víctimas confirmadas se encuentran unos setenta niños. Numerosos heridos, algunos en estado grave, han sido trasladados a centros médicos en Goma, según fuentes del Ministerio de Minas congoleño.
El yacimiento, gestionado oficialmente por la Société Minière de Bisunzu, es conocido por la minería artesanal, las peligrosas condiciones de trabajo y los recientes desastres naturales, como el deslizamiento de tierra que se cobró otras 220 vidas el pasado enero. La ciudad minera de Rubaya, que suministra entre el 15 % y el 30 % de la producción mundial de coltán, extraída íntegramente a mano por lugareños que ganan una miseria, cayó bajo el control del M23 en abril de 2024.
Este mineral, estratégico especialmente para la industria electrónica, está ampliamente disponible en la República Democrática del Congo, que se estima que posee al menos el 60 % de las reservas mundiales de coltán. El coltán también se utiliza para producir tantalio, un metal resistente al calor que se utiliza para fabricar semiconductores, componentes aeroespaciales, computadoras, teléfonos celulares y turbinas de gas.
La guerra en la zona
En un intento por recuperar la región minera de manos de los rebeldes, Kinshasa lanzó una ofensiva a gran escala a mediados de febrero, liderada por miembros de la milicia progubernamental Wazalando. Se lanzaron una serie de ataques en el territorio de Masisi, hacia las minas de Rubaya. Tras conquistar las localidades de Kasenyi, Chugi y Kinigi, varias fuentes locales confirmaron el avance de Wazalando hacia las aldeas de Runigi, Kabara, Kiruli y Kanyalu, a unos 10 kilómetros de la mina. Sin embargo, la ofensiva militar ha provocado el desplazamiento de la población en las zonas afectadas. Por temor a quedar atrapadas en el fuego cruzado, muchas familias han abandonado sus hogares y se han dirigido hacia Ngungu, Bihambwe y Mushaki, o han cruzado la frontera hacia la vecina provincia de Kivu del Sur. La mayoría de los desplazados huyeron sin poder acceder a lo esencial.






