Una semana, 230 kilómetros, rumbo a la Villa Cura Brochero

Nelson Santillan

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Se cumple una semana desde aquel emotivo envío en las escalinatas de la Basílica de Luján. Siete días de marcha ininterrumpida, oración constante y un sol que no ha dado tregua, pero que no ha logrado mellar el espíritu de los seminaristas de la Fraternidad Sacerdotal de Fasta.

Al cierre de esta edición se aprestan a entrar a la localidad de Alcorta dejando atrás más de 230 kilómetros. Este domingo 25 de enero, la peregrinación marcará un paso importante  al ingresar a la provincia de Santa Fe. Es el final de un capítulo y el comienzo de otro en este «monasterio itinerante» que atraviesa el corazón de Argentina. Es una jornada de especial intensidad espiritual, ya que la Iglesia celebra la Conversión de San Pablo. 

Marcha del día 7

Un nuevo camino bajo la luz de Damasco

La llegada a Santa Fe coincide providencialmente con la fiesta del «Apóstol de las Gentes». Así como Saulo de Tarso fue derribado en el camino a Damasco para iniciar una vida nueva al servicio del Evangelio, nuestros seminaristas ofrecen cada paso de este domingo pidiendo que el Señor transforme los corazones de todos los milicianos.

Esta fiesta nos recuerda que la peregrinación es, ante todo, un camino de conversión personal y comunitaria. En cada kilómetro recorrido, los seminaristas encarnan ese espíritu paulino de «correr hacia la meta» (Flp 3,14), llevando la Palabra a cada pueblo que encuentran a su paso.

El camino azul marca el derrotero de los Peregrinos

Una semana de rastro divino por Buenos Aires

El itinerario de estos primeros siete días ha sido una verdadera misión territorial. Desde su salida de Luján y Carlos Keen el pasado 18 de enero, los seminaristas han llevado la reliquia del Cura Brochero y la imagen de la Virgen por localidades que hoy guardan el recuerdo de su paso:

  • San Antonio de Areco y Capitán Sarmiento: Donde la fe de los pueblos se volcó a las calles para recibir la bendición.

  • Arrecifes y Juan Anchorena: Tramas de camino duro donde la fraternidad entre los seminaristas fue el sostén principal.

  • Pergamino: Ciudad donde la comunidad miliciana local se unió en oración, renovando las fuerzas de los caminantes antes de llegar hoy a Pearson.

A su paso, los frutos son visibles: confesiones espontáneas en las banquinas, bendiciones a familias rurales y, sobre todo, el despertar de inquietudes vocacionales en los jóvenes que ven pasar a otros jóvenes entregando su verano por Cristo.


Los objetivos: ¿Por qué caminan nuestros seminaristas?

Más allá del desafío físico de unir Luján con Traslasierra, la peregrinación persigue objetivos profundos que nutren a toda la Ciudad Miliciana:

  1. Súplica por las Vocaciones: Cada kilómetro es una intención por el surgimiento de nuevas y santas vocaciones para la Iglesia y la Fraternidad.

  2. Configuración Sacerdotal: Los seminaristas buscan imitar el celo apostólico del Santo Cura Brochero, quien recorría distancias enormes para llevar los sacramentos.

  3. Misión y Presencia: Llevar la presencia de Dios a los lugares más recónditos, recordándonos que la Iglesia es una comunidad en salida.

  4. Ofrenda por la Ciudad: Rezar, día a día, por cada sacerdote y jurisdicción de Fasta, tejiendo una red de gracia que une a todos los milicianos.


El horizonte santafesino

A partir de mañana, el mapa cambia de color. La ruta los llevará por Alcorta (25/01), Bigand, Chabas y el esperado encuentro en Arequito el 28 de enero, coincidiendo con la fiesta de nuestro patrono Santo Tomás de Aquino.

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