La comunidad porteña se vistió de fiesta para recibir a los Peregrinos de Esperanza, los jóvenes seminaristas y sacerdotes
Buenos Aires – 22 de febrero de 2026 – Lo que comenzó el domingo 18 de enero como un desafío de fe en las escalinatas de la Basílica de Luján, tuvo su broche de oro este sábado 21 de febrero en la ciudad de Buenos Aires. La comunidad porteña se vistió de fiesta para recibir a los Peregrinos de Esperanza, los jóvenes seminaristas que unieron a pie los dos santuarios más importantes de la Argentina: Luján y la Villa Cura Brochero.

Tras haber completado los 760 kilómetros de la gesta y haber regresado de Córdoba, los peregrinos hicieron su entrada triunfal en el Colegio Catherina, replicando el rito que realizaron en cada una de las 31 localidades que visitaron: ingresaron portando con orgullo la imagen de la Virgen y la reliquia del «Santo Gaucho».

Un recibimiento de «Ciudad»
La recepción fue un despliegue de unidad miliciana. Las tres comunidades de la jurisdicción —Devoto, Palermo y Flores— junto a sus respectivos Rucas, se unieron para abrazar a los caminantes. La jornada estuvo cargada de simbolismo, contando con la presencia de la Banda del Ejército, cuyas notas del Himno Nacional y el «Cristo Jesús» emocionaron a los presentes hasta las lágrimas.

Matías Zubiría, presidente jurisdiccional de Fasta Buenos Aires, destacó la magnitud espiritual del encuentro: «Fue una jornada hermosa con oficializados y convivios. Lo más importante fue que los seminaristas dieron testimonio de lo que fue la Peregrinación: salieron a pedir por las vocaciones, por Fasta y por cada comunidad, y terminaron siendo canales de la Misericordia Divina».

De buscadores de gracia a canales de misericordia
En un emotivo documento compartido previo a la llegada, Zubiría reflexionaba sobre cómo Dios «cambió el guion» de esta travesía. Lo que nació como una marcha penitencial y de sacrificio, se transformó en una Peregrinación Apostólica arrolladora.
“Salieron con María en la mochila para buscar consuelo, y terminaron siendo ellos el consuelo de otros”, expresaba el texto. Los seminaristas compartieron anécdotas de cómo, en cada pueblo y en cada mirada al costado de la ruta, la presencia de la Virgen y del Cura Brochero llevó alivio a dolores y soledades que ellos mismos no imaginaban encontrar.

Misa, bendición y gratitud
El cierre de la actividad tuvo su centro en la Santa Misa, donde se realizó una bendición especial a los peregrinos que regresan ahora a su vida de formación con el alma encendida. También hubo un espacio para el reconocimiento a todas las personas que colaboraron con la compleja logística de 31 días de marcha, culminando con un ágape fraterno donde no faltaron las anécdotas y el espíritu de familia.

Con esta «última parada» en Buenos Aires, la Peregrinación de Esperanza se cierra formalmente, pero deja una semilla plantada en toda la Ciudad. Como bien señaló la dirigencia local: «No fue solo una caminata más; fue una cita con la Comunión que nos invita a recibir la posta y continuar la misión».
¡A tus órdenes, Peregrinos! ¡La Ciudad celebra su entrega!





