Historias de Nuestra Señora del Rosario en la Ciudad Miliciana

Nelson Santillan

Recopilación de Eduardo E. Kern

La historia de “Nuestra Señora del Rosario de la Ciudad Miliciana” tiene su origen desde el carisma fundacional de Fray Aníbal Fosbery OP, quiénsiempre consideró a la Virgen del Rosario como Fundadora de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino que, por otra parte, fue creada formalmente un día 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, en la ciudad de Leones, de Córdoba, cuya patrona es justamente la Virgen del Rosario.

En sus homilías el Padre Fosbery siempre desarrolló con certeza la explicación de los hechos que indicaban indiscutiblemente a la Virgen del Rosario como la patrona y protectora de la Fasta, en orden a las incontables oportunidades en que la Virgen del Rosario interviene en su historia.

Podemos resumir, con nuestras palabras, lo que el Padre Fosbery dijo al respecto en sus homilías:……“María era una joven de la región de Galilea, en el Norte de Palestina, del siglo I a.C.. Era parte del Pueblo de Israel. Un pueblo que había recibido durante muchos siglos promesas de sus profetas, anuncios que parecían no cumplirse.

Nuestra Madre, había nacido con una pureza que nunca el mundo había contemplado; sin pecado original, los méritos de la resurrección de Cristo se le habían aplicado desde toda la eternidad para que su carne esté dispuesta a recibir al Hijo de Dios que se hizo hijo del hombre para que nosotros como hijos de los hombres podamos acercarnos a Dios.

Su pueblo se encontraba en medio de un imperio pagano, sumergido en ocasiones en un fatalismo cósmico, la creación parecía estar en contra de la humanidad, y los hombres se mataban en luchas fratricidas. Todo, fuera de María, parecía un desierto sumergido en una soledad infinita. En medio de esta realidad, aparece el diálogo más maravilloso de toda la historia de la salvación.

“El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?» El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra». Y el Ángel se alejó”.

Después de este acontecimiento queda definitivamente instaurado el misterio de la salvación. A veces nos acostumbramos a lo religioso y perdemos de vista la luz de este misterio revelado. Sin la revelación es muy poco lo que podemos conocer de Dios. Es la Virgen María la que nos va a revelar este misterio de Salvación que llegó a contemplar en su mente y en su corazón con el anuncio del Ángel.

Ella no se quedó en una pura contemplación pasiva del misterio que se le anunciaba, tuvo el coraje de decir “hágase”, y la voluntad de Dios se cumplió en ella. Desde la encarnación, Dios hará que los hombres podamos encontrarnos con la revelación. La Iglesia seguirá los pasos de la contemplación y acción de María y será testigo del misterio anunciándolo a los hombres.

El Evangelio de San Juan dice “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Esto es lo que revela Dios a la Iglesia y cada uno de nosotros cuando lo asumimos desde la fe, abrimos el corazón a este misterio. Por eso digo “creo”, hago un acto de fe personal, toco espiritualmente a Dios para descubrir su mensaje en la vida de Jesús de Nazaret.

La contemplación de los misterios del Rosario, suponen un encuentro de mi vida con la vida de Cristo, ahí contemplo, creo y rezo, y lo hago a través de María.

La contemplación del Misterio de Dios no terminó en las primeras comunidades cristianas, nuestra Madre nunca nos dejó solos y cuando en los primeros siglos del primer milenio, las luchas fratricidas y la soledad infinita volvían a atacar a sus hijos, ella salió nuevamente a buscarnos y lo hizo a través de nuestro Padre Santo Domingo. Nuestra Madre le regaló la devoción del rezo del Santo Rosario, para poder seguir construyendo la ciudad de Dios en medio de la ciudad de los hombres. Desde esta oración surgió una nueva evangelización para toda Europa y hasta los confines de la tierra, que no era solo repetir plegarias, era contemplar y meterse con el corazón en el corazón de su Hijo unigénito.

Nuestra Señora del Rosario, protegió siempre a la Iglesia de los bárbaros, por eso un hijo de Santo Domingo, el Papa Pío V, instauró su festividad. Él salvó a la Iglesia y a Europa de la invasión musulmana en la famosa batalla de Lepanto con el auxilio de la Virgen del Rosario a la que se encomendó. Los jefes cristianos hicieron que los soldados rezaran el rosario antes de empezar la batalla el 7 de octubre de 1572. San Pío V, sin haber recibido las noticias de la batalla le dijo a los cardenales: Dediquémonos a dar gracias a Dios y a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria. El papa como agradecimiento mandó que cada 7 de octubre se celebre la fiesta Nuestra Señora del Rosario.

Dios se revela con palabras y con hechos. Fue también muchos siglos después, un 7 de octubre de 1962, en la ciudad de Leones Córdoba, en el que la Virgen María salía nuevamente a nuestro encuentro. Un hijo de Santo Domingo, era enviado por su superior a esta ciudad a predicar la novena de la Virgen del Rosario. Fue así como nos regaló la obra de Fasta. Esto no fue algo ordinario, fue un milagro de Dios, si vemos nuestro crecimiento desde los ojos de María, ella nos abre el corazón a la fe para ver el paso de Dios por nuestro movimiento.

En las primeras fundaciones de Fasta, siempre aparece nuestra Señora del Rosario. Quizá nos toque empezar a pedirle a la Virgen que nos dé la gracia de responder como ella lo hizo, con fidelidad, con su “hágase”. ¿Cómo hacemos esto? Con el rosario, al contemplar sus misterios renovamos nuestra fe, redescubrimos lo que significa la encarnación del Verbo de Dios para cada uno de nosotros.

Lo primero para construir una ciudad es el contemplar ¿Qué otra cosa es el Rosario sino un contemplar cómo el Señor construyó nuestra Ciudad? El Rezo del rosario, nos permite vivir interiormente como en un día de fiesta, ella en cada Ave María nos cubre con su manto. Es una oración simple y profunda que nos eleva a Dios. El Rosario nos permite redescubrir el Padre Nuestro como una hoja de ruta en nuestra marcha hacia Dios. Lo descubrimos a Dios primero como Padre y nos descubrimos como aquella comunidad de los que se tratan como hermanos aún sin serlo.

Nuestra Señora del Rosario de la Ciudad Miliciana, significa todo esto para nuestros corazones, una Ciudad que se construye, sostiene y protege a través de la contemplación del Misterio de Dios con los ojos de María, esos ojos que vieron al Ángel, que compartieron con los Apóstoles, que descubrieron el rostro de nuestro Padre Santo Domingo, que combatieron en Lepanto, que estuvieron el día de nuestra fundación, esos ojos también hoy se posan sobre nosotros, para regalarnos su ternura, su misericordia, y hacer en su Hijo nuevas todas las cosas. ¿Seremos capaces de abrir nuestro corazón miliciano a este misterio?”……(1).

Ahora bien, la imagen de Nuestra Señora del Rosario de la Ciudad Miliciana empieza a tomar forma en el verano del 2019, cuando Fosbery construye un oratorio en el patio de su casa en San Martín de los Andes, entronizando una imagen femenina tridimensional realizada en madera, que a sus ojos tiene el rostro de la Virgen. En su base coloca una piedra con un nombre identificatorio: “Ntra. Sra. del Rosario de la Ciudad Miliciana” (2).

Oratorio en San Martín de los Andes

Empezaba así el proceso de corporizar la imagen de nuestra Virgen del Rosario.

Como en todos los veranos sureños, desde varios años atrás, en aquel mes de enero lo acompaña y participa de sus inquietudes, el Padre Miguel Rayón quién desarrolla su misión eclesial en la Jurisdicción de Tucumán, y al arribar, al comienzo de ese año lectivo a su destino norteño, solicita a un miliciano la confección de una pintura que represente a la Virgen del Rosario de San Nicolás con la Ciudad Miliciana en su base, a sus pies.

Esta imagen, realizada con la técnica de la acuarela (3), es recibida por el Padre Miguel en los primeros días del mes de julio e inmediatamente se la utiliza como tal en alguna de las actividades nacionales de invierno que se realizan casualmente en la provincia de Tucumán. Los milicianos asistentes incorporan la imagen en sus plegarias diarias y a partir del uso de las nuevas tecnologías se multiplica su aplicación en los mensajes y los perfiles telefónicos.

Finalizadas las actividades juveniles del mes de julio el Padre Miguel parte a San Martín de los Andes para acompañar durante las vacaciones de invierno la misión del Fundador quién, a su vez, recibe el original de la imagen que ya es bastante conocida por los milicianos que participaron de esa actividad de invierno. El Padre Fosbery la adopta inmediatamente y encarga su reproducción con la impresión de estampas de varios tamaños para entregarlas como recuerdo a todas las personas que van a visitarlo. La imagen original la entrega en custodia a las milicianas Catherinas.

Desde aquellos días han surgido otras imágenes pictóricas y tridimensionales, que representan a la Virgen del Rosario de San Nicolás con la Ciudad Miliciana a sus pies o bajo su manto; como por ejemplo, la imagen tridimensional entronizada en el patio del Ruca Ayllú gracias al tesón insistente de las Adalides y milicianos de ese Ruca tucumano; también, una imagen de estilo bizantino en pintura acrílica (4) realizada en la Jurisdicción de San Juan y cuyo original será colocado, por pedido del Padre Fosbery, en la capilla que se estaba construyendo en San Martín de los Andes; y finalmente, otra versión gráfica, con estilo infantil pensada para las Agrupaciones Menores (5), también dibujada en San juan por una adalid del Ruca Choroy.

Pero hay, además, una historia previa a la que acabamos de narrar y es la que protagonizó Mariela Gutierrez, artista tucumana acostumbrada a modelar las figuras de la Sagrada Familia y principalmente la de la Virgen María, utilizando distintos tipos de materiales nobles como la madera y el papel. Aquí la reproducimos con sus propias palabras: ”……. en un verano de los años 80, en San Martín de los Andes, estaba armando la imagen de una virgen con resto de madera y papel maché. Cuando la estaba haciendo se me ocurrió poner a sus pies una ciudad y una carpa, recordando los “pepos” que dibujaba el Bicho. La llamé “Virgen de la Ciudad” y se la regalé al Cura. Él la puso encima de un estante del comedor en el seminario de Buenos Aires.

Un tiempo más tarde volví a reproducir aquella Virgen de la Ciudad, que desde entonces me acompaña en mi casa (6). También recuerdo que, cuando en el 97 fuimos a Roma por el reconocimiento como Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio, se me ocurrió “acuñar” una moneda. Busqué un soporte de metal y también con papel “maché” cubrí la base, reproduje la Virgen y en latín quedó delineada la nominación: “Regina Civitate. Roma 1997”. Ya en Roma, me acerqué al Cura y le dije: creo que en toda fundación se acostumbra acuñar una moneda y yo le hice esta por el reconocimiento de la Ciudad Miliciana, y se la entregué en una pequeña bolsita de terciopelo azul. Siempre pensé que la Virgen de la Ciudad quiso estar en Roma, acompañando al Cura en esa ceremonia …..”.

Estas historias, son historia nuestra y seguramente existirán otras más; una sucesión sucesiva de sucesos que tiene su origen en la encarnación del Verbo de Dios hecho hombre, que resplandece en la vida de nuestro Patriarca Santo Domingo, que llega a nosotros a través de nuestro padre Fundador. Él es un hijo del predicador de la gracia, uno de los que está bajo el manto de María con su carisma de fundador y en cuanto se hace fundacional, nos participa a sus hijos de la protección de nuestra Señora del Rosario de la Ciudad Miliciana.

A tus órdenes!!!

Referencias:
(1) Partes de homilías del Padre Aníbal Fosbery, seleccionadas por el Padre Miguel Rayón.

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