En la capilla del Colegio Fasta San Vicente de Paúl, el padre César Garcés presidió la Santa Misa concelebrada junto al padre Martín Calzada, dejando una profunda reflexión sobre la figura de nuestro Santo Patrono. Sus palabras no solo homenajearon al «Doctor Angélico», sino que trazaron un mapa espiritual para el miliciano de hoy, subrayando la herencia que el Padre Aníbal Fosbery dejó grabada en el ADN de Fasta. Estuvieron presentes el vicepresidente ejecutivo de Fasta Alejandro Campos acompañando a la comunidad de Fasta Mar del Plata.
La sabiduría nace de la humildad
El padre César comenzó desmitificando la figura del sabio como alguien distante o soberbio. Recordando el apelativo de «buey mudo», destacó que la grandeza de Tomás radicó en su capacidad de silencio y escucha ante Dios.
«El sabio no es el que acumula datos, sino el que sabe mirar la realidad con los ojos de Dios», afirmó el padre Garcés.
Hizo especial hincapié en que para Santo Tomás, la inteligencia era un camino hacia el encuentro personal con Cristo. En un mundo fragmentado, la figura del Patrono emerge como el puente perfecto entre la fe y la razón, demostrando que no hay contradicción entre pensar con rigor y amar con fervor.

El legado del Padre Fosbery: «Tomás es un padre para seguir»
Uno de los momentos más cálidos de la homilía fue cuando el padre César vinculó la figura del Aquinate con la visión fundacional de Fasta. Recordó que para el Padre Aníbal Fosbery, Santo Tomás no era simplemente un autor de consulta académica, sino un guía espiritual y un «arquitecto» de la Ciudad.
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Una Ciudad que piensa: El Fundador veía en la Suma Teológica no solo doctrina, sino el orden necesario para edificar una comunidad que pudiera dialogar con la cultura contemporánea.
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Contemplar y dar lo contemplado: El padre Garcés recordó que la misión miliciana de «evangelizar la cultura» es una forma de caridad intelectual, un concepto profundamente tomasino que el Padre Fosbery nos instó a vivir con pasión.
El llamado a la «Caridad Intelectual»
Hacia el final de su reflexión, el padre César lanzó un desafío a todos los milicianos, desde los seminaristas que peregrinan hasta los laicos en sus puestos de trabajo: estudiar de rodillas.
«La formación en Fasta no es un ejercicio de soberbia, sino un acto de adoración. Estudiamos para poder amar más a Aquel que es la Verdad», concluyó.
Exhortó a la comunidad a no tener miedo a la profundidad y a practicar la caridad de enseñar al que no sabe, llevando claridad en tiempos de confusión. La homilía cerró con una sentida oración pidiendo que, por intercesión de Santo Tomás y el recuerdo vivo del Padre Fundador, la Ciudad Miliciana sea siempre un faro de luz y verdad en medio del mundo.





