«Llevamos las intenciones de todos los oficializados» afirmaron. «Me sorprendió la alegría de la gente de ver al Papa» dijo Gonzalo Gutiérrez de Fasta Madrid. Más de un millón de fieles se congregaron en la capital española para acompañar al Santo Padre. Entre la multitud, una delegación de fasteanos, testimonió la alegría de la Iglesia universal y el profundo impacto de las palabras del Pontífice.
Por Redacción Hasta Dios
Madrid se convirtió en el epicentro de la fe católica con la histórica celebración de la Santa Misa presidida por el Papa. En una jornada marcada por la solemnidad, el orden y un fervor desbordante que congregó oficialmente a 1.200.000 fieles —aunque los presentes aseguran que la marea humana parecía superar cualquier cifra—, la comunidad de Fasta en España estuvo presente para dar testimonio de su carisma y comunión eclesial.

Entre los fasteanos que asistieron a este encuentro histórico, se destacó la participación de Gonzalo Gutiérrez, responsable de la comunidad de Fasta en Madrid, quien vivió esta gracia junto a su esposa e hijos. Asimismo, también participaron miembros del movimiento, como la familia Aguado – Boix, y Benjamín García Posse junto a Magdalena Parravicini, entre otros fastaeanos que viajaron para unirse al altar compartido con el sucesor de Pedro.

La familia Aguado ha expresado que para ellos «fue muy especial el poder vivir de primera mano este momento histórico de la vista de León XIV a España y formar parte de ese momento ha sido espectacular». También dijeron que «si tuviera que destacar algo fue un momento de la Vigilia del sábado fueron los 50 minutos de silencio en el momento de la adoración al Santísimo donde había más de medio millón de personas que fue muy, muy impresionante».
La familia dijo que el domingo tuvieron «la super suerte de ver al Papa de cerca que pasó justo delante de nosotros y nos saludó y también a los Reyes de España que para nosotros es muy importante». Finalmente afirmaron que «fue algo espectacular y llevamos las intenciones de todos y cada uno de los oficializados de Fasta Valencia ya que nos sentimos un poco representantes de la Agrupación Mayor».
Una organización impecable al servicio de la alegría
Gonzalo Gutiérrez compartió sus vivencias tras el encuentro, calificándolo como un «evento increíble y, sobre todo, impecablemente organizado». El responsable local subrayó el despliegue logístico que permitió que una multitud de tal magnitud viviera la jornada en paz y seguridad: «Desde los voluntarios hasta la policía, todo funcionó con una precisión admirable. Con el colegio que fuimos nos organizamos muy bien: bajamos en Atocha y caminamos unos 15 minutos hasta nuestra sección (Y7). A pesar del calor, estuvimos muy bien ubicados; el clima general era de mucha comodidad y alegría».

Para el referente de Fasta en Madrid, un factor clave fue el cuidado de los peregrinos en una tarde de alta intensidad. «Fue muy positivo no ver incidentes ni ambulancias, se notaba que la gente estaba bien cuidada», remarcó, revelando además un emotivo detalle de cierre: «Me sorprendió mucho la alegría contagiosa de la gente. Un detalle que me conmovió fue ver cómo, al terminar, todos aplaudían a los policías en reconocimiento por la excelente organización».
El llamado del Papa: Custodiar una fe en movimiento
Más allá de la imponente marea humana y la impecable logística, el corazón de la jornada residió en el mensaje del Santo Padre, cuyas palabras resonaron con especial fuerza en el ámbito de la Ciudad Miliciana, una comunidad llamada por esencia al apostolado y la acción.

Durante su homilía, el Papa lanzó un fuerte llamado a la conversión y a la autenticidad eclesial, exhortando a los fieles a no caer en una religiosidad estática o puramente folclórica. El Pontífice fue categórico al expresar que quiere «una fe viva, no una que se visita en los museos».
Este pedido de un catolicismo en salida, dinámico y encarnado en las realidades cotidianas impactó profundamente en los fasteanos presentes. «La misa fue sumamente solemne y ver al Papa fue, sin duda, el momento más emocionante. Me sorprendió mucho la alegría contagiosa de la gente», concluyó Gutiérrez, sintetizando el sentir de una comunidad que regresó a sus hogares con el compromiso renovado de hacer vida el mandato evangélico en el viejo continente.






