Redacción de Hastadios.com
Madrid / Buenos Aires – 10 de junio de 2026 – Una de las postales más impactantes y virales que ha dejado la reciente gira del Papa León XIV por Europa fue la llamativa imagen de «felicidad absoluta» y de asombro, casi como la de un niño, que reflejaba el Sumo Pontífice dentro de la cabina de un avión de la aerolínea Iberia durante el trayecto corto entre Madrid y Barcelona.
Para conocer la trastienda de ese momento histórico que conmovió al mundo, el periodista Eduardo Feinmann entrevistó en Radio Mitre de Buenos Aires a Ángeles Hernández González, la copiloto española que estuvo al mando de la aeronave junto al comandante Pablo Martínez. En una charla profunda y cargada de emoción, la aviadora desmenuzó los detalles de un vuelo que combinó protocolos de alta seguridad, escoltas militares en el aire y gestos de una inmensa calidez e intimidad espiritual.

La sorpresa de un pasajero único
Hernández González relató que la tripulación suele recibir su grilla de programación con apenas diez o quince días de anticipación antes de iniciar el mes. Si bien el vuelo aparecía marcado de forma diferente en su agenda (con letras en negrita), fue recién unas semanas antes cuando recibió un correo oficial de Iberia confirmándole que estaba reservada para trasladar a Su Santidad. «Fue una alegría inmensa», confesó.

La gran sorpresa del viaje ocurrió apenas el Pontífice abordó la aeronave. Tras una charla informal y muy cercana con el comandante y una tripulante de cabina que ya conocía al Papa de un viaje previo a Perú, Martínez le ofreció formalmente pasar a la cabina en cualquier momento de la ruta, o incluso presenciar la maniobra de despegue. El Papa León XIV aceptó con entusiasmo respondiendo: «Vale, para adentro».
Según reveló la copiloto, el propio Santo Padre les confesó en ese momento que, si bien había ingresado a cabinas durante maniobras de aterrizaje, era la primera vez en toda su vida que presenciaba un despegue desde la cabina de un avión. Para que la experiencia fuera completa, le colocaron los auriculares de comunicación (headsets) para que pudiera escuchar en tiempo real las indicaciones del control aéreo.
«Habló cabina con cabina con un caza F-18»
Uno de los momentos más espectaculares del trayecto aéreo se produjo cuando el avión comercial fue interceptado amistosamente para recibir la tradicional escolta de honor del Ejército del Aire español. Ángeles relató que la tripulación de Iberia reservó una frecuencia de radio secundaria específica solo para comunicarse con los aviones militares.
Lo extraordinario sucedió cuando el Papa tomó el micrófono de la radio de la cabina y habló directamente con el piloto del avión caza F-18 (el comandante López) para agradecerle el acompañamiento en el aire y enviarle una bendición apostólica para él y toda su familia. El impacto fue tal que el piloto militar llegó a poner su nave en piloto automático para poder capturar fotografías de la cabina papal a la distancia.
Como un tierno gesto de correspondencia que la tripulación venía preparando días antes, los pilotos le entregaron al Pontífice fotografías de sus propias familias y de la del piloto del caza. El Papa León XIV las firmó de puño y letra en pleno vuelo, transformándolas en verdaderas reliquias familiares.
Un destino «con mayúsculas» y el rol de la mujer
Durante la entrevista, Ángeles destacó la impecable logística desplegada por Iberia en coordinación con la seguridad del Vaticano —que incluyó el vinilado exterior del avión y adaptaciones de asientos— y recordó entre risas la frase que le dijo al Obispo de Roma en pleno vuelo: «Santo Padre, de Iberia al cielo, pero al cielo con mayúsculas».
Al ser consultada por Feinmann sobre el significado de ser mujer al mando en una profesión históricamente asociada a los hombres, la copiloto respondió con notable humildad: «Yo soy una piloto más. Es cierto que somos pocas, pero cada vez somos más. No me siento ni mejor ni peor que mis compañeros; pongo las manos en el fuego por el nivel de entrenamiento y enfoque en la seguridad que nos da Iberia».
Un instante de eternidad
Hacia el final del diálogo radial, Hernández González describió el instante posterior al aterrizaje, cuando los medios de comunicación y el resto del personal se retiraron, dejando el habitáculo a solas con el comandante, ella y el Santo Padre.
«Nos miramos con Pablo y sin decirnos nada nos lo dijimos todo; empezamos a ser conscientes de lo que habíamos vivido. Eso son cosas de Dios», evocó conmovida, concluyendo con una definición que estremece el corazón de los fieles fasteanos:
«El Papa León XIV no es un pasajero común. Tiene un aura especial, brilla diferente. Transmite un amor y una bondad con su mirada y su forma de mirarte a los ojos que se nota que es el representante de Cristo en la Tierra».
Una crónica que vuelve a demostrar cómo el Vicario de Cristo sigue sembrando la semilla del Evangelio a través de los gestos más sencillos, cotidianos e inesperados del día a día, incluso a miles de pies de altura.






