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Continuamos con la entrevista que le hicieron al Fundador Fr. Aníbal Ernesto Fosbery, en el Diario “La Unión”, de la ciudad de Catamarca, el 14/08/94.
CULTURA: ESPACIO NATURAL PARA SOSTENER Y CULTIVAR LOS VALORES
En la estadía del Padre Fosbery en Catamarca, dejó inaugurada la Cátedra Magistral Juan Pablo II; el tema de disertación fue Cultura y Familia.
En nuestra entrevista, también dialogamos sobre este tema. Al respecto nos dijo:
“La cultura puede tener diversas definiciones. Pero yo quisiera destacar un elemento: la cultura es aquella realidad que sostiene a una comunidad para que pueda percibir su origen y su destino. Entonces la cultura es siempre un hecho religioso. Si queremos forzar la cultura por las líneas pragmáticas del desarrollo científico y tecnológico, nos vamos a equivocar. Desde ahí yo no percibo esa frontera, que tiene algo de misterio, donde el hombre está en el deslinde entre el tiempo y la eternidad, entre lo que conoce y no conoce, entre lo que tiene y lo que aguarda; y allí es donde el hombre genera un lenguaje cultural pero que siempre es un lenguaje simbólico, mítico, poético y no técnico. Ahí aparecen los valores que siempre desde la cultura no miran a la transformación de la realidad, sino a la transfiguración de la realidad. Es decir, que la realidad exprese y signifique algo que está más allá de ella misma. Esa es la cultura”.
CULTURA Y FAMILIA
“El espacio natural donde se pueden empapar, cultivar y sostener estos valores, es la familia. Eso se sostiene por tradición. El paso de la cultura es esencialmente una tradición. Lo que está quebrado es la tradición, no hay paso. Porque hay muchas situaciones que han aparecido, por ejemplo, la precipitada y vertiginosa situación de cambio de la sociedad contemporánea. ¿Qué hace? Lo deja al hombre sin historia y sin futuro. Sin historia porque la precipitación del cambio no da tiempo para sostener lo que está atrás, se transforma en un amnésico sistemático. Y respecto al futuro, todo cambia. Todo es descartable, nada es sostenido, por eso se habla de formación permanente”.
“Yo no creo en la formación permanente, porque todo hombre tiene un techo en la formación. En todo hombre llega un momento que en, su madurez, está formado. Formarse es tener convicciones y principios, después podrá tener una actualización. Digo esto porque no puede haber una formación permanente porque, entonces, no existiría una verdad que no es permanente. Tengo que estar sosteniéndome en una tensión, porque nunca llego, y no es así. Está quebrada la posibilidad de instalar una tradición y la familia no tiene la posibilidad. Y por otro lado, esto quiebra el principio de autoridad. Antes, el padre de familia tenía autoridad porque era el padre, el profesor porque era el profesor. Hoy tiene autoridad el que la tiene. Quebrada la autoridad, ¿quién transmite la cultura? Todo cae en la relativización, no hay verdad, hay sospecha”.
“NO HAY EDUCACION SIN PROYECTO POLITICO”
Fundador de una Fraternidad en la que se educan cientos de niños y jóvenes, no se mantiene ajeno a la crisis de la educación argentina.
Sobre las razones de esta situación, el Padre Fosbery nos manifestó:
“Los griegos decían que no puede haber un proyecto de perfección del hombre si no hay un proyecto político. Aquí hay una nueva ley de educación, hay un proyecto de reforma educativa, pero si la comunidad no sabe para qué es la educación esto se transforma en una abstracción ideológica. Le voy a dar un ejemplo: la Argentina tuvo un proyecto educativo que elaboró la generación del 80; más allá de que se puedan objetar algunos planteos de principios, como el laicismo escolar. Esta generación tuvo un proyecto educativo y lo pudo llevar adelante, porque ha tenido un proyecto político. Insisto, yo no digo que haya sido bueno o malo, sino que estoy mostrando que siempre un proyecto educativo tiene que estar acompañado de uno político. Y entonces, por ejemplo, en la Argentina de fin de siglo donde teníamos un índice de analfabetismo enorme, donde no había caminos, no había maestros, donde no había presupuestos, el país había tenido la grandeza de plantear el gran desafío: la educación pública. Detrás de ese proyecto salieron las escuelas normales, se transformaron los maestros, se les dio a los maestros una mística. Usted va a encontrar a maestros diseminados a lo largo y a lo ancho de la Patria, en pueblitos de frontera. Aquí tenemos la Escuela Normal de Catamarca, en particular, yo me he encontrado en la Patagonia con muchos maestros catamarqueños”.
“El sentido político de este proyecto, apuntaba a incorporar al hijo del inmigrante, puesto que gobernar es poblar y esa es la misión de la Patria organizada. La escuela fue el lugar donde el hijo del inmigrante se incorporó”.
“A medida que la Argentina se fue quedando sin proyecto político, se quedó sin proyecto educativo y todo esto terminó siendo un proyecto de planificación, de técnica y de métodos. Donde, al perder de vista el bien común, interesa más el que sabe que lo que tiene que saber. Extrañamente es desalojado el maestro o el profesor, que pasa a ser un personaje de segunda. Mal pagado, sin aliciente, los espacios los van ocupando los psicólogos, los pedagogos y los técnicos. Porque la educación, en vez de ser un gran proyecto que mira al bien común de la Nación, termina siendo un proyecto de técnicas para actuar sobre el individuo. Aquí hay todo un desfasaje. Cuando hablo de un proyecto político, hablo de un proyecto cultural. Nosotros tuvimos una cultura hispano-cristiana; hoy no sabemos qué somos”.
LA RESPUESTA QUE DEBEMOS BUSCAR
“Yo creo que hay que volver a creer. Hay que restaurar las creencias. Hay que creer más allá de las crisis que yo vea alrededor, tengo que volver a creer. No sólo a conocer sino a creer; tengo que restaurar de nuevo la confianza en que hay cosas que valen, y que el bien y la verdad existen, que están fuera de mí pero que es posible alcanzarlos. Tengo que estar dispuesto al buen combate con la convicción de que busco el bien y quiero el bien. ¿Qué bien? El Bien. Eso es lo que permanece y se tiene que restaurar con la inconmovible certeza de que el bien y la verdad existen, valen y están y, si tengo fe, tienen un nombre: CRISTO.
[Y concluye la entrevista con lo siguiente]
- Si Santo Domingo estuviera aquí y ahora, ¿qué haría?
- Santo Domingo rezaría. Es lo que hizo siempre.






