La alegría de incorporarnos a la Familia Dominicana

Nelson Santillan

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Corrían los años 70 y 80, y la vida de los primeros jóvenes de Fasta estaba íntimamente ligada a la geografía y al espíritu de la Orden de Predicadores. Durante los fines de semana, era habitual ver a los grupos de la federación habitar los conventos, los templos y hasta los claustros de los frailes dominicos, en un intercambio que dejó una huella imborrable.

El trato con los religiosos era diario. Las actividades institucionales y apostólicas se desplegaban de forma natural en las aulas de los colegios, los pasillos de los conventos y en la propia universidad de la Orden. En aquellos tiempos fundacionales, dado que el Padre Aníbal Fosbery recorría permanentemente los distintos rucas de manera solitaria, los frailes se convertían en los confesores, directores espirituales y sacerdotes de las comunidades de Fasta.

Por eso, la reciente noticia sobre el inicio del camino para reincorporarse formalmente a la Orden ha funcionado como un profundo disparador de recuerdos. Trae a la memoria aquellas vivencias compartidas en el seno de la Familia Dominicana, donde los milicianos se encontraban y celebraban la fe junto a otros laicos, las monjas contemplativas y, por supuesto, los frailes de Santo Domingo. Aquella convivencia fraterna, que parecía haber quedado en el pasado, hoy vuelve a ser el faro que guía el futuro institucional de la Ciudad.

Fasta se encuentra ante uno de los acontecimientos institucionales y eclesiales más significativos de su historia reciente: el inicio de un proceso formal para volver a formar parte de la Familia Dominicana.

A través de un mensaje dirigido a los miembros de la institución, el Presidente de Fasta, el padre César, detalló los pasos que se han venido dando tras una serie de encuentros clave en Roma, los cuales abren las puertas a un reconocimiento formal de su identidad fundacional.

Las raíces

Fasta nació con una profunda impronta dominicana. Su fundador, el Padre Aníbal Fosbery, recibió originalmente la missio de evangelizar a la juventud de manos del entonces Prior Provincial de la Orden de Predicadores (Dominicos) en Argentina, fray Manuel Fortea. Durante años, Fasta creció bajo este amparo y fue reconocida formalmente como una Fraternidad Laical dominicana.

Sin embargo, debido a su expansión e internacionalización, en el año 1997 la Santa Sede otorgó a Fasta el estatus de Asociación Internacional Privada de Fieles de Derecho Pontificio. Este cambio en su estatus jurídico-institucional provocó que, tras un análisis conjunto con la Orden, cesara formalmente su condición de fraternidad laical y, por consiguiente, dejara de pertenecer de forma legal a la Familia Dominicana. Pese a esta separación administrativa, la institución siempre ratificó que su carisma y su espiritualidad seguían siendo y serían plenamente dominicanos.

El acercamiento en Roma y las nuevas formas agregativas

El impulso actual para el retorno comenzó a gestarse gracias a gestiones de Fasta en la Curia Generalicia de Santa Sabina, en Roma. Durante diversos viajes institucionales, mantuvieron contacto con Fray Pablo Sicouly op (Vicario General de la Orden), quien les transmitió las conclusiones del Capítulo General de la Orden celebrado en Cracovia en 2025. En dicho capítulo se aprobaron nuevas formas agregativas orientadas a integrar distintas realidades eclesiales dentro de la Familia Dominicana.

El hito central se consolidó en mayo de 2026, cuando el Pbro. César Garcés Rojas y el Vicepresidente Ejecutivo, Alejandro Campos, se reunieron en Roma con el propio Maestro de la Orden de Predicadores, Fray Gerard Francis Timoner III. Ante la manifestación explícita de Fasta de querer reincorporarse, el sucesor de Santo Domingo mostró una cálida disposición paterna, instando a trazar un recorrido en común e indicando, a través del Secretario General de la Orden, los pasos para elevar un petitium formal.

Un camino de comunión y discernimiento

Lejos de ser un trámite burocrático, la presidencia de Fasta ha definido que la solicitud al Maestro de la Orden debe ser el «fruto de un camino de conciencia» recorrido por toda la comunidad. Para ello, la propuesta será debatida primeramente en los plenarios de las fraternidades internas: la Fraternidad Sacerdotal en agosto y la de las Catherinas en septiembre. Finalmente, en noviembre de 2026, el Consejo Plenario —máximo órgano de gobierno de Fasta— adoptará la decisión institucional de elevar formalmente la petición.

La propuesta contempla solicitar la agregación a la Familia Dominicana manteniendo la plena autonomía apostólica, organizacional y de gobierno independiente que hoy posee Fasta.

¿Qué es la Familia Dominicana?

De acuerdo con las bases de la Orden de Predicadores, la Familia Dominicana no es una estructura uniforme, sino un tejido compuesto por diversas ramas que, conservando su propio estado de vida y autonomía, comparten el carisma de Santo Domingo de Guzmán centrado en la predicación y la salvación de las almas.

Esta gran familia eclesial está integrada por:

  • Los Frailes (Primer Orden): Dedicados a la vida comunitaria, la oración y la predicación del Evangelio.

  • Las Monjas Contemplativas (Segunda Orden): Cuyo motor es la oración constante en el claustro.

  • Las Hermanas Apostólicas: Congregaciones religiosas dedicadas a obras educativas, asistenciales y misioneras.

  • Los Institutos Seculares: Miembros que viven los consejos evangélicos inmersos en las realidades del mundo.

  • Las Fraternidades Laicales y Sacerdotales (Tercera Orden): Laicos y sacerdotes diocesanos que viven la espiritualidad dominicana en sus respectivas realidades cotidianas.

  • El Movimiento Juvenil Dominicano (MJD): Jóvenes que asumen el carisma desde su propia perspectiva generacional.

Para Fasta, este regreso representa integrarse de lleno a esta «gloriosa constelación de hijos de Santo Domingo», abrazando formalmente las gracias de grandes santos como Tomás de Aquino, Catalina de Siena o Rosa de Lima. «Nos toca a nosotros, y a las próximas generaciones, asumir el legado de identidad y comunión», concluyó el padre César convocando a toda la militancia a un tiempo de profunda oración, estudio y discernimiento institucional.

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