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En un clima de profunda comunión ecclesial y alegría miliciana, la comunidad de Fasta Tucumán participó activamente de las festividades patronales en honor a la Virgen del Rosario. La celebración tuvo lugar en la histórica Basílica de Santo Domingo de la capital tucumana, donde los miembros del movimiento acompañaron a los frailes de la Orden de Predicadores en los actos litúrgicos y en la tradicional procesión.
La presencia de Fasta en esta solemnidad renueva un vínculo espiritual y filial histórico, reafirmando la devoción mariana que identifica a la Ciudad Miliciana y su comunión con la familia dominicana en la provincia.

Una devoción con siglos de historia
La fiesta de Nuestra Señora del Rosario tiene sus raíces en la historia misma de la Iglesia y de la Orden de Predicadores. La tradición atribuye a Santo Domingo de Guzmán la difusión del Santo Rosario como una potente herramienta de oración y evangelización frente a las adversidades de su época.
Posteriormente, la institución formal de la festividad el 7 de octubre fue establecida por el Papa San Pío V —fraile dominico— en agradecimiento por la victoria de la Batalla de Lepanto en 1571, atribuyéndose el triunfo a la intercesión de la Santísima Virgen invocada a través del rezo del Rosario. Desde entonces, la Orden Dominicana ha custodiado y promovido esta devoción en todo el mundo como una contemplación itinerante de los misterios de la vida de Cristo a través de los ojos de María.

Presencia miliciana y vida comunitaria
Durante la jornada festiva en Tucumán, niños, jóvenes, familias y miembros de las distintas secciones del movimiento se congregaron en el templo basilical para participar de la Santa Misa y de la posterior procesión por las calles céntricas de la ciudad.
Como es habitual en las celebraciones de la jurisdicción, los jóvenes de los Rucas portaron las banderas institucionales y custodiaron la imagen de la Virgen del Rosario durante el recorrido, manifestando el espíritu de servicio y oración que caracteriza a la juventud miliciana.

La participación conjunta entre los frailes dominicos y Fasta Tucumán no solo rinde homenaje a la Patrona, sino que consolida los lazos de fraternidad apostólica en la diócesis, recordando que la oración del Rosario sigue siendo el corazón y el refugio de la vida interior de cada miliciano.
Orígenes del Rosario
El rezo del santo Rosario ha tardado mucho en formarse tal y como ahora lo conocemos. No fue ideado en un momento concreto, sino que es fruto de una larga evolución. Una evolución que aún no ha concluido.
Todo comenzó, probablemente, en el siglo X. En el año 910 se fundó la Orden Cluniacense. Ésta le dio una gran importancia a la oración coral comunitaria. Quería que sus abadías fuesen un anticipo de la Jerusalén celestial, en la que los santos y los ángeles están continuamente cantando alabanzas a Dios e intercediendo por todos los seres humanos (cf. Ap 5,9; 14,3; 15,3).
Por ello distinguieron entre dos tipos de monjas y monjes: los dedicados a la oración coral (que rezaban al día unos 150 salmos, dependiendo de las circunstancias litúrgicas) y los dedicados al trabajo manual. Éstos últimos solían ser personas sencillas e iletradas que se ocupaban de la cocina, la portería, la huerta u otros oficios. Pero era preciso que también orasen.
Por ello algunos de estos monjes ‒y monjas‒ comenzaron a rezar individualmente 150 Padrenuestros al día, en lugar de los 150 salmos que rezaban los que asistían a la oración coral. Esta piadosa costumbre se fue difundiendo no sólo entre los cluniacenses, sino también entre otras comunidades religiosas, y entre sacerdotes y laicos.
En el siglo XII, la Orden Cisterciense (fundada en 1098) le va a dar una gran importancia al culto a la Virgen María. Tanto es así, que casi todas sus abadías fundadas por ellos llevan el nombre de una advocación mariana. Su principal teólogo, san Bernardo de Claraval (1090-1153), difundió mucho la devoción a María como Madre, más que como Reina (que era lo normal desde el siglo V).
Todavía no se había creado la oración del Avemaría, sino que se rezaba sólo su primera parte, la Salutación del ángel, tomada de Lc 1,28-33:
«Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo» y algunos le añadían la segunda parte del saludo: «Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre»
San Bernardo de Claraval es quien inventó el título de «Nuestra Señora»: de tal forma que María va dejando de tener la imagen de «la Señora feudal» y pasa a ser «Nuestra Señora», es decir, «Nuestra Madre». Pues bien, en este contexto, las monjas y los monjes cistercienses van a reemplazar en el Rosario algunos Padrenuestros por Salutaciones de la Virgen María.
A lo largo del siglo XIII se va extendiendo la costumbre de rezar tres cincuentenas de Salutaciones, es decir, 150 Salutaciones, en lugar de 150 Padrenuestros. Se crea así el «Salterio de María». Y se va a añadir el nombre de «Jesús» al final de la Salutación del Ángel. Además, es en esta época cuando comienza a generalizarse el uso de «contadores», es decir, de rosarios, para poder llevar la cuenta de las Salutaciones que se van rezando.
El santo Rosario y las órdenes mendicantes
En el siglo XIV las Órdenes mendicantes (Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos, fundados, junto a sus ramas femeninas, en la primera mitad del siglo XIII), van a difundir el rezo del Salterio de María en sus predicaciones y entre los laicos que ellos acompañaban espiritualmente.
Sobre todo lo difundieron en la zona ribereña del Rin, la zona renana, donde en el siglo XIII se había desarrollado el movimiento espiritual de las beguinas, que eran mujeres piadosas que vivían en comunidad, con una espiritualidad mística muy profunda, la cual fue el núcleo de donde surge en la primera década del siglo XIV la mística renana del Maestro Eckhart (ca. 1260-ca. 1327) y otros dos dominicos discípulos suyos: Juan Tauler (ca. 1300-1361) y el beato Enrique Susón (ca. 1295-1365). Pero la espiritualidad de las beguinas cayó bajo la sospecha de herejía, por lo que un medio de reconducir a aquellas mujeres fue inculcándolas el rezo del Salterio de María.
Dado que la mística renana fue también sospechosa de herejía, surgió hacia 1380 otra corriente espiritual: la Devotio Moderna, que proponía, básicamente, una oración sencilla y metódica y la meditación de los pasajes del Evangelio.
En este contexto encajaba muy bien el sencillo y metódico rezo del Salterio de María. Pues bien, es entonces cuando en ciertas abadías cartujas de la zona renana, se van a añadir al final de cada Salutación del Ángel una coletilla que ayude al orante a meditar un pasaje de la vida de Jesús.
Por ejemplo: «… y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, que nació en Belén». O «… que murió en la Cruz». Y, así, se va extendiendo la costumbre de añadir a cada una de las 150 Salutaciones una terminación diferente sobre Jesús. Hubo diversos modos de hacerlo.
¿Cuándo se crea la oración del Ave María?
Parece que es a comienzos del siglo XV cuando se crea el Avemaría completo, añadiendo la segunda parte:
«Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén»
Y es así como poco a poco se va conformando el rezo del Rosario que todos conocemos, en el que se combina el recitado de Avemarías y la meditación de pasajes de la vida de Jesús y su Madre.






