EL RINCÓN FORMATIVO, MAGISTERIO DEL FUNDADOR (I)

Nelson Santillan

A partir de este Domingo de Pascua, en nuestro “Rincón Formativo”, iremos intercalando quincenalmente diversos escritos de Fr. Dr. Aníbal Ernesto Fosbery O.P. —algunos de ellos incluso inéditos—, porque en verdad es mucho y muy variado el Magisterio de nuestro Padre Fundador, al cual podemos y debemos acudir de manera recurrente y filial.

Y, dado que estamos celebrando la Resurrección del Señor, nos pareció oportuno compartir unos extractos de una preciosa homilía, del 2 de abril del año 1991, en la cual “el Cura” se refirió a este suceso trascendental por el cual Jesucristo venció a la muerte.

TIEMPO, HISTORIA Y RESURRECCIÓN

“Esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta el día de hoy”, dice el evangelista (Mt 28,15). Está haciendo alusión al acuerdo entre los soldados y el Sanedrín para ocultar el hecho milagroso de la Resurrección.

Aquellos soldados fueron comprados con dinero para que de ninguna manera contaran lo que ellos alcanzaron a ver. Fueron despertados súbitamente por el temblor que anunció la resurrección (cfr. Mt 28,2-4). Despavoridos salieron abandonando el puesto de guardia. En la tradición castrense militar romana, el abandonar un puesto de guardia militar se castigaba con la pena de muerte. De manera que ellos inmediatamente buscaron apoyo de los sacerdotes del Sanedrín para que les ayuden. Los judíos negocian con ellos, les dan dinero, les prometen que, ante cualquier cosa, ellos los van a defender.

“Ustedes digan que llegaron los discípulos, se robaron el cadáver mientras dormían» (Mt 28,13). Y entonces este hecho, que tenía ya el tono de un milagro, se transforma en una historia. Que es la historia que los judíos han ido transmitiendo hasta el día de hoy, negando la Resurrección.

San Agustín, haciendo referencia a este hecho, dice perplejo a los judíos: “¡Ah, qué bien! ¿Así que ustedes presentan testigos que estaban dormidos?”. Porque los soldados dicen: “mientras dormíamos vinieron los discípulos y se lo llevaron”. Si estaban despiertos se hubiesen defendido. “¿Por qué no defendieron?”, “Porque estábamos dormidos”. “¿Ah, sí, presentan testigos dormidos? No vale”. 

De todos modos, lo que ocurrió fue la Resurrección.

Y también esta historia ha llegado hasta nosotros, pero asumidas desde la fe en la Resurrección del Señor Jesús. Hay ahí un cambio en la historia del hombre. La fe en la Resurrección cambia la historia del hombre, o en todo caso es el único hecho que empieza a darle sentido a su historia. El hombre es un ser esencialmente histórico, está inmerso en el tiempo, el tiempo forma parte de su naturaleza. 

El tiempo es una abstracción consciente que el hombre hace cuando se percibe en el cosmos, pero en movimiento. Si se percibiera en el cosmos inserto e identificado con el finalismo [fatalismo] cósmico, tampoco tomaría conciencia del tiempo, porque no se vería en movimiento, se vería inserto en el finalismo cósmico. Cuando él puede separarse del finalismo cósmico, porque aparece entre él y la naturaleza la presencia de su espíritu, percibe estos dos grandes hechos: su situación histórica y, consecuentemente, su razón de tiempo. 

Pero esta percepción lo lleva indefectiblemente a plantearse el tema del fin, porque si estuviera inserto en la naturaleza dentro del finalismo cósmico, y no tuviera espíritu, no se plantearía el tema del fin (…)  Su situación sería angustiosa porque, como decían los antiguos, es angustioso saber que acaece implacablemente lo que tiene que acaecer. Pero separado él de este finalismo cósmico, tomada conciencia de su realidad histórica y de su tiempo, necesariamente se plantea el fin. ¿A dónde voy? ¿Dónde termina esto? (…) 

Por eso digo que el hecho de la Resurrección viene a cambiar el sentido histórico del hombre. Porque ahora, después de la resurrección de Cristo, ya sé adónde va mi tiempo y adónde va mi historia. Ignoro, ignoro las situaciones, las circunstancias, los problemas que en el tiempo concreto se me van a dar. Pero tengo claro a dónde voy a terminar.

Mientras que, quitada la Resurrección, la desesperación del hombre es ver si puede programar lo que va a suceder. Porque si él puede programar lo que va a suceder, de alguna manera tiene dominado el implacable condicionamiento del tiempo y de la historia. Lo que ocurre es que pasan cosas tan raras que de repente usted programó y la cosa se le fue por otro lado (…) el cristiano no está tan preocupado por programar lo que va a pasar; en todo caso programa, pero siempre desde la Providencia. Y lo que tiene claro es no tanto lo que va a pasar, sino dónde va a terminar: en la resurrección. 

Este es el hecho escatológico definitivo de la fe, desde donde no solo entiendo mi vida, sino que entiendo toda la historia de la humanidad (…) La resurrección es una respuesta a mi movimiento, a mi historia, a mi tiempo. Creo en la resurrección; tengo que incorporar la resurrección a mi vida, porque ya soy un resucitado y camino hacia el cumplimiento de este destino final de resurrección.

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