por Piervittorio Scimia y Matteo De Sio*
La grave ola de violencia que se desató el 22 de febrero en México tras el asesinato de Nemesio Oseguera Cervantes (1966-2026), conocido como «El Mencho», ha provocado un centenar de muertos entre militares, miembros de las fuerzas del orden, afiliados a organizaciones criminales y ciudadanos comunes. Los grupos de narcotraficantes organizaron más de 250 bloqueos de carreteras en 20 estados del país, incendios de vehículos y ataques de tipo militar contra las fuerzas del orden. Un asalto armado a la prisión de Ixtapa provocó la fuga de 23 reclusos y la muerte de un agente.

De la situación y sus posibles desarrollos hablamos con el periodista y ensayista Giuseppe Brienza, que escribe sobre política internacional en los periódicos online Nazione Futura y Korazym, así como en la revista mensual Studi Cattolici y en la agencia semanal de noticias Corrispondenza romana. Giuseppe ha publicado recientemente como editor para Edizioni Solfanelli el tercer volumen de una colección de ensayos titulada «Las veladas de San Petersburgo, hoy«, con el subtítulo «Propuestas, autores, ideas y batallas por culturas opuestas» y la introducción del filósofo francés Alain de Benoist.

¿Qué está pasando en México tras la eliminación, por parte de las fuerzas del orden, del conocido narcotraficante apodado «El Mencho»?
En primer lugar, permítanme decir que utilizar apodos para estos criminales es contraproducente, porque se acaba creando una aura de «leyenda» que sus personalidades y sus sórdidos tráficos realmente no justifican. Sin embargo, al tener que adaptarme al lenguaje periodístico actual, hay que decir que «El Mencho» había extendido su poder en las últimas décadas a 21 estados de la Federación y a 70 países del mundo, como explicó al Osservatore Romano don Sergio Omar Sotelo Aguilar, un sacerdote y periodista mexicano que lleva años comprometido con la lucha contra el crimen organizado y la corrupción, lo que le ha valido amenazas y atentados precisamente por parte de los capos del narcotráfico.
Según este testigo cualificado, la Administración federal se ha visto lamentablemente infiltrada por el inmenso poder corruptor de la «narcoeconomía» y no es casualidad que, en los últimos meses, solo la presión ejercida por la opinión pública y el Gobierno de los Estados Unidos haya logrado impulsar la lucha nacional contra la ilegalidad.

Todas estas operaciones y los enfrentamientos de los narcos con el Ejército mexicano están volviendo a poner de actualidad un problema de gran impacto, tanto en México como en otros «narcoestados», es decir, el papel cada vez más central de la tecnología en las operaciones de los cárteles. ¿Qué nos puedes decir al respecto?
El pasado mes de junio, el Departamento de Defensa de Estados Unidos reveló que, en 2018, el cártel de Sinaloa, uno de los más poderosos del país, logró infiltrarse, gracias a un hacker, en el teléfono de un funcionario del FBI que colaboraba estrechamente con las autoridades mexicanas y en las cámaras de seguridad de Ciudad de México. De esta manera, la organización fundada por el famoso narcotraficante conocido como «El Chapo» pudo identificar en el pasado a numerosos informantes y colaboradores de la justicia y rastrear sus movimientos. Muchos de ellos sufrieron intimidaciones y algunos fueron asesinados.
Además de la guerrilla informática, también está creciendo rápidamente el uso de drones por parte de los cárteles. Los narcos utilizan estos aparatos teledirigidos para diversos fines, desde vigilar los movimientos de las patrullas hasta transportar drogas o utilizarlos como armas. Cada vez es más frecuente que los drones se carguen con explosivos o productos químicos altamente tóxicos y se lancen contra objetivos pertenecientes a las fuerzas del orden o a organizaciones rivales.
Varios expertos en seguridad mexicanos han afirmado que el equipamiento que poseen los cárteles suele ser más avanzado que el de las Fuerzas Armadas, debido al gran poder adquisitivo de las organizaciones y a los largos trámites burocráticos que debe realizar el Ejército para renovar su equipamiento. Entre los cárteles más avanzados en este campo se encuentra precisamente el cártel de «El Mencho» que, según la inteligencia de Kiev, habría enviado a numerosos afiliados a Ucrania, actualmente uno de los polos mundiales para la producción y el uso de drones militares, con el fin de obtener información técnica y recibir formación como pilotos. Actualmente, el cártel también estaría experimentando con el uso de inteligencia artificial en aeronaves para realizar identificaciones, seguimientos y asesinatos selectivos. A estas tecnologías de última generación se suman además las armas pesadas que ya utilizan las organizaciones criminales desde mediados de la década de 2000.

El creciente poder militar de los cárteles del narcotráfico está despertando preocupación en la Administración Trump, aunque hasta la fecha no se ha registrado ningún ataque en suelo estadounidense. ¿Considera posible y legítimo un «ataque preventivo» de Washington contra los narcos en territorio mexicano?
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la presidenta Claudia Scheinbaum ha definido explícitamente la posibilidad de una intervención de Estados Unidos como una violación abierta de la soberanía territorial. Actualmente, los dos países colaboran y mantienen frecuentes reuniones sobre seguridad, pero, como demuestra el persistente clima de violencia que sigue azotando al país, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas del Orden no logran controlar totalmente la situación. Desde el estallido de los enfrentamientos, la Casa Blanca ha prestado el apoyo de sus servicios de inteligencia y ha elogiado la actuación del Ejército mexicano, pero el grave caos generado por el poder financiero y militar de los cárteles suscita una preocupación legítima por parte de Estados Unidos, por razones obvias de proximidad territorial. El desafío mortal que plantean las nuevas drogas, en particular la emergencia del Fentanyl, con una media de 70 000 muertes al año solo en Estados Unidos, justificaría la reanudación de la guerra contra las drogas iniciada por primera vez con la declaración del entonces presidente Richard Nixon (1913-1994) en junio de 1971.
En este sentido se expresó también en su discurso inaugural de la cumbre celebrada el 7 de marzo de 2026 en el Trump National Doral de Miami, Florida, en el que Trump reiteró que los cárteles representan una amenaza directa para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Según el magnate, los grupos criminales siguen gobernando de facto algunas zonas de México, lo que hace necesaria una contraofensiva más contundente, y mencionó explícitamente la posibilidad de utilizar «misiles de gran precisión» contra bases y objetivos relacionados con el narcotráfico.

Dado que has publicado en la agencia Corrispondenza Romana un artículo sobre el compromiso de la Iglesia latinoamericana contra el narcotráfico, ¿podrías resumírnoslo?
Sí, en primer lugar he señalado la reacción ante el caos actual en México por parte de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Religiosos (CLAR), con sede en Bogotá, capital de un país también devastado por el narcotráfico como Colombia.
En un comunicado titulado Nuestra solidaridad profética con el pueblo mexicano, la CLAR, organismo internacional de derecho pontificio creado en 1959 que agrupa a las conferencias nacionales de religiosos de 22 países, denunció el clima de grave «incertidumbre social» que vive México, recordando que «la verdadera paz es fruto de la justicia». Los religiosos definen acertadamente el narcotráfico como una «red global de muerte» y exhortan a combatirlo con una acción internacional coordinada que identifique también las responsabilidades «estructurales» en los aparatos públicos y en la sociedad. Esto significa acabar con la corrupción y combatir así las raíces económicas y culturales del tráfico y el consumo de drogas, así como de la delincuencia organizada en su conjunto.
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* Traducción de la entrevista emitida en la radio nacional italiana Radio Libertà 7 de marzo de 2026.






