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Fr. Juan Taulero O.P. (Johannes Tauler, Estrasburgo, Alemania, 1300-1361) puede considerarse un importante maestro de la espiritualidad mística dominicana, un autor espiritualmente muy aprovechable, a pesar de lo poco que conservamos de su obra.
Ciertamente fue uno de los grandes predicadores y místicos medievales. Junto con el beato Enrique Suso O.P. (1295-1366), fundamentaba su mística en la Doctrina Católica, particularmente en la teología de santo Tomás de Aquino. Además, Taulero combatió la falsa mística de los fraticellis (los herejes; no nuestros seminaristas, claro), así como las tendencias cismáticas de su tiempo.
Conviene, sin embargo, hacer dos precisiones:
- No todo escrito que se le atribuye es auténtico. Algunas obras, sermones y escritos transmitidos bajo su nombre son dudosos o adulterados (volveremos enseguida con esto). Sólo subsisten de él los siguientes documentos:
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- Un escrito autógrafo destinado a una beguina (1), donde agradece un regalo y le desea que se porte bien.
- Su lápida sepulcral, en la Iglesia Nueva (Temple Neuf) de Estrasburgo, que no destaca por una inscripción textual, sino por su potente representación iconográfica esculpida, que se considera el resumen visual absoluto de toda su doctrina espiritual (es decir, es a la vez su retrato físico —más bien un esbozo— y el resumen de su doctrina espiritual) (2).
- Lo más destacado: 84 sermones de su autoría dispersos entre un gran número de manuscritos, transcritos de notas de oyentes suyos (religiosas dominicas) y publicados parcialmente desde 1498. Estos fueron reunidos en una cuidadosa edición revisada y traducida hace pocos años (puede descargarse abajo, nota al pie nº 3), bajo el título: Sermones. El abandono interior y el nacimiento de Dios en el fondo del alma. No obstante, se le han atribuido otras obras, hoy consideradas apócrifas, entre las cuales se encuentran: el Libro de la imitación de la vida pobre de Cristo, tan difundido durante mucho tiempo, Meditaciones sobre la vida y la pasión del Salvador, etc.
- Como ocurre con otros místicos renanos (4), utiliza un lenguaje muy elevado, simbólico y a veces difícil si se lee superficialmente. Por eso no conviene interpretar frases aisladas de manera literal, especialmente cuando habla de la unión del alma con Dios. La mística católica debe entenderse siempre manteniendo la distinción entre el Creador y la criatura.
También es importante distinguirlo un poco del conocido Maestro Eckhart O.P. (1260-1327), de quien fue su discípulo, junto el mencionado Beato Suso. En efecto, Fr. Taulero recibió influencia del ambiente intelectual conducido por Eckahrt, aunque las fuentes disponibles lo presentan como un predicador católico que permaneció siempre dentro de la Doctrina de la Iglesia, mientras que algunas proposiciones de Eckhart fueron condenadas por el papa Juan XXII (lo que no convierte a Eckhart en un hereje, pues antes de morir rechazó las interpretaciones heterodoxas de sus expresiones, se retractó de los errores que pudieran contener y se sometió en obediencia a Roma).
Pasemos ahora a citar textualmente algunas enseñanzas de Fr. Taulero, para apreciar la profundidad de su pensamiento místico:
- Comentando el capítulo 8 del evangelio según san Juan, donde el Señor proclama: «Yo soy la Luz del mundo» (Jn 8,12), enseña Fr. Juan: “Habiendo dirigido Jesús estas y otras muchas palabras a los judíos, tuvo que soportar que estos se le opusieran afirmando que era un samaritano y que tenía un demonio. Vamos a decir aquí unas pocas palabras sobre aquella Luz que el Señor afirmó ser Él. Esta Luz ilumina todas las luces creadas: el sol, la luna, las estrellas, los sentidos corporales del hombre y la luz espiritual de las criaturas racionales, que es la razón o intelecto, por medio de la cual todas las criaturas retornan y refluyen a su Origen. Pues, si no retornan [a esa Luz original], comparadas, en sí mismas, con esta Luz verdadera y esencial, [las criaturas] son solo densas tinieblas. Por eso, Cristo dice a todo creyente: «Renuncia por Mí a tu luz, que es verdadera tiniebla comparada con la mía, y contraria a ella. Yo, que soy la Luz verdadera, cambiaré tus tinieblas en mi Luz, mi gozo, mi felicidad, mi esencia y mi vida, y haré lo tuyo como es lo mío» (…) Este es ese camino auténtico: negarse sinceramente a sí mismo; amar a Dios intensamente con un corazón puro, desnudo y sencillo, renunciando por completo a buscar el propio interés en cualquier cosa, sino siempre el honor y la gloria de Dios; aceptar como directamente venidas de las manos de Dios todas las cosas, las buenas y las malas, las dulces y las amargas, y tan pronto como sucedan, sin ambages, referirlas y ofrecerlas directamente al Creador, de manera que allí se produzca un flujo y reflujo [o retorno] inmediatos en Dios. Éste es el camino verdadero y recto por el que se distinguen los auténticos amigos de Dios de los falsos» (5).
- Comentando el capítulo 5 del evangelio anterior, donde leemos la curación del paralítico que aguardó perseverantemente durante 38 años, pero sin frutos, poder ser introducido a la milagrosa agua de la piscina de Betesda (o Betsata, que curaba al primero que se introducía en ella cuando comenzaba a agitarse), enseña Fr. Taulero: “Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Jesús, al verlo postrado y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en ese estado, le dice: «¿Quieres curarte?». El enfermo le responde: «Señor, no tengo a nadie que me baje a la piscina cuando el agua es agitada. Siempre hay otro que llega antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, coge tu camilla y anda». Y al instante aquel hombre quedó curado, tomó su camilla y echó a andar. Un poco más adelante, sigue diciendo el Evangelista: «El que había sido curado no sabía quién era [Jesús]». Y unas pocas palabras después: «Enseguida, Jesús se lo encontró en el templo y le dijo: `Mira, has sido curado; no peques más, no sea que te suceda algo peor´. Pues bien, esta piscina es la muy noble y amorosa Persona de Nuestro Señor. Y el agua removida por el ángel es la preciosísima Sangre de nuestro Redentor, verdadero Dios y hombre, en la cual nos ha lavado a todos de la suciedad del pecado. Por el amor que nos tiene, siempre, cada día, está dispuesto a lavar a todos cuantos se acerquen a Él con intención sincera de enmendarse (…) La actitud de este enfermo se opone diametralmente a la de quienes, apenas han dado sus primeros pasos por el camino de la vida espiritual, si no obtienen de Dios inmediatamente grandes atenciones, creen haber perdido el tiempo y el trabajo, y ya no pueden habitar consigo mismos o permanecer en casa, sino que se quejan como si hubiesen recibido alguna ofensa de parte de Dios. Desgraciadamente, pocos poseen hoy día esta noble virtud, es decir, la de saber abandonarse, renunciar a sí mismos y sobrellevar la adversidad; la de querer ser considerados como verdaderamente son y desear sufrir pacientemente sus enfermedades, su cautividad y sus tentaciones hasta que el Señor tenga a bien curarlos. Por eso no oyen las palabras del Señor que les manda levantarse, tomar su camilla y caminar, y así ser sanados de su enfermedad” (6).
Hemos presentando tan solo unos pocos párrafos de 2 de los 84 sermones que se conservan de este gran maestro místico, hijo espiritual de santo Domingo de Guzmán y discípulo de santo Tomás de Aquino. Creemos que estos breves extractos son suficientes para despertar el apetito de leer más de sus enseñanzas pues, como sabemos, la nuestra es espiritualidad dominicana.
- Laicas consagradas que formaban comunidades (como nuestras Catherinas).
- Puede verse en: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/64/Strasbourg-Temple_Neuf-Jean_Tauler_%284%29.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&utm_campaign=imageinfo&utm_content=original; donde se aprecia el brazo del místico doblado hacia el pecho, con el dedo índice apuntando fijamente a su corazón (la representación clásica de su doctrina del “fondo del alma”).
- Sermones de Juan Taulero; 2022 (puede descargarse en: https://www.dominicos.org/estudio/recurso/sermones-de-juan-taulero/)
- Una de las corrientes espirituales que más ha profundizado en el alma humana y su camino hacia la unión con Dios o, dicho de otro modo, hacia “el nacimiento de Dios en el alma”.
- Sermón 10 (los corchetes son aclaraciones del traductor).
- Sermón 8 (los corchetes son aclaraciones del traductor).






