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La comunidad educativa y pastoral del Colegio Fasta Carlo Acutis y Fasta Bariloche vivió un fin de semana histórico los pasados 10 y 11 de octubre. En el marco del cierre de la Semana del Colegio —dedicada a la memoria de San Carlo Acutis—, la comunidad patagónica experimentó unas jornadas de profundo espíritu sacramental que renovaron la fe de niños, jóvenes y adultos.

En diálogo con hastadios.com, el Padre Francisco Lázaro, capellán de la comunidad, destacó la conmoción y alegría vivida durante estas celebraciones:
«Ha sido un fin de semana verdaderamente bendecido, donde pudimos ver el paso de Dios en cada uno de los sacramentos. Ver a adultos abrazar la fe, a nuestros jóvenes confirmarse y a los más pequeños acercarse a la Eucaristía nos llena de esperanza y nos confirma que el testimonio de San Carlo Acutis sigue encendiendo corazones en nuestra comunidad», expresó el capellán.
Sacramentos de Iniciación para Adultos y Confirmaciones
Las actividades comenzaron el sábado 10 de octubre con la administración de los sacramentos de la iniciación cristiana. En una emotiva liturgia, 5 adultos recibieron el sacramento del Bautismo y 3 adultos realizaron la Primera Comunión, dando un paso decisivo en su vida eclesial.

A su vez, 30 jóvenes y adultos recibieron el sacramento de la Confirmación. La solemne ceremonia estuvo presidida por el obispo de San Carlos de Bariloche, Monseñor Juan Carlos Ares, quien animó a los confirmandos a ser testigos valientes del Evangelio en la cotidianidad.
Primera Comunión y Entronización de la Reliquia de Carlo Acutis
El domingo 11 de octubre la celebración continuó con la misa en la que 26 niños recibieron su Primera Comunión, acompañados por sus familias, catequistas y docentes.

El broche de oro de la Semana de San Carlo se vivió al finalizar la celebración eucarística con la entronización formal de la reliquia de San Carlo Acutis en el muro de acceso a la capilla del Colegio.
Respecto a este hito fundamental para la institución, el Padre Francisco Lázaro remarcó:
«Que la reliquia del primer santo millennial quede custodiada en el muro de acceso a nuestra capilla es un signo profundo para los alumnos y fieles. Cada persona que cruce esa puerta recordará que la santidad no es un ideal lejano, sino una meta alcanzable en nuestro tiempo cotidiano».






