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por la miliciana Catherina Montserrat Alonso
Hace pocos días recibimos alegres la noticia acerca de la apertura de la causa de canonización de Sigrid Undset (1882- 1949). Durante una Misa celebrada el pasado 8 de julio en la Isla de Selja, el obispo de Oslo, Monseñor Fredrik Hansen, anunció la apertura del proceso de Sigrid. Al respecto dijo que ella “es un modelo de fe cristiana”.
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La noticia conmovió a la Iglesia en Noruega y despertó el interés de muchos en el mundo ya que Sigrid fue una de las escritoras más importantes del siglo XX y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1928. Quienes la conocen por sus célebres novelas históricas descubren ahora otra faceta de su vida: la de una mujer que hizo de la búsqueda de la Verdad un auténtico camino de santidad.

Su itinerario espiritual estuvo marcado por una profunda búsqueda intelectual. En una Noruega mayoritariamente luterana, Sigrid Undset abrazó la fe católica en 1924, después de un largo proceso de reflexión, estudio y oración. No fue una conversión motivada por sentimientos pasajeros, sino el fruto de una inteligencia que, con honestidad, se dejó conducir hacia Cristo. Desde entonces comprendió que la fe no disminuía su vocación de escritora, sino que la llevaba a su plenitud.

Esta búsqueda de la Verdad la acercó también a la espiritualidad de la Orden de Predicadores, incorporándose como laica dominica. En el carisma de santo Domingo encontró un hogar espiritual donde el estudio, la contemplación y la predicación forman una misma misión. Para Undset, escribir no era simplemente un oficio: era una manera de servir a la Verdad, de iluminar la inteligencia y de conducir a otros hacia el encuentro con Dios.
Su vida testimonia que la predicación no se limita a la palabra hablada. Fue madre, cuidó con amor a su hija quien sufría una severa discapacidad, defendió la dignidad de toda persona, se comprometió con los más vulnerables y alzó la voz contra el nazismo, que había invadido su Patria natal. Al producirse la invasión en 1940, su hijo mayor, Anders Svarstad, se unió al ejército noruego y murió en combate contra las tropas invasoras ese mismo año. Perseguida activamente por la Gestapo debido a sus críticas, las autoridades de la resistencia le aconsejaron huir. Escapó cruzando las montañas hacia Suecia, cruzó la Unión Soviética y Japón, y se refugió en los Estados Unidos entre 1940 y 1945.
Durante sus años en el exilio estadounidense, trabajó incansablemente escribiendo artículos y dando discursos para apoyar la causa de la liberación noruega y denunciar los crímenes del totalitarismo. Undset regresó a su patria en 1945 tras el fin de la ocupación y fue condecorada con la Gran Cruz de la Orden de San Olav por su valor patriótico. Falleció pocos años después, en 1949, en la ciudad noruega de Lillehammer.
Como tantos santos de la Familia Dominicana, unió la contemplación con la acción, convencida de que la verdad contemplada debía traducirse en una vida entregada.
Entre sus obras, luego de su conversión, no podemos dejar de mencionar especialmente una biografía que escribió sobre Santa Catalina de Siena. En sus páginas, Undset presenta a Catalina no solo como una figura extraordinaria de la historia, sino como una mujer apasionada por Cristo, enamorada de la Iglesia y valiente testigo de la Verdad, en tiempos especialmente difíciles para la sociedad y la Iglesia. Cuando Sigrid conoció a Santa Catalina realmente quedó cautivada por su figura y modelo.
La apertura de la causa de su canonización constituye una alegría para toda la Iglesia y, de modo particular, para la Familia Dominicana. En esta época, que con frecuencia contrapone la fe y la razón, la vida de Sigrid Undset recuerda que la búsqueda sincera de la verdad conduce siempre a Dios. Su ejemplo invita a intelectuales, escritores, docentes, estudiantes y a todos los laicos a descubrir que también desde la cultura, el pensamiento y el trabajo cotidiano es posible anunciar el Evangelio y recorrer el camino de la santidad.
Como enseña santo Domingo y vivió santa Catalina de Siena, la verdad contemplada está llamada a hacerse palabra y vida. Sigrid Undset supo recorrer ese mismo camino. Hoy, la Iglesia comienza a reconocer oficialmente lo que muchos ya intuían: que aquella brillante escritora fue, sobre todo, una discípula de Cristo que hizo de su talento una auténtica predicación.






