ROMA. Esta mañana, la Basílica de San Pedro fue el escenario de una profunda reflexión para los movimientos eclesiales de todo el mundo. En el Encuentro de Moderadores de Movimientos, el Cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, presidió la Santa Misa y pronunció una homilía que resuena con fuerza en el corazón de Fasta.
La celebración eucarística contó con una fuerte impronta miliciana: el padre César concelebró la Santa Misa en el altar de la basílica papal, mientras que el vicepresidente de Fasta, Alejandro Campos, participa activamente del encuentro en representación de toda la Ciudad Miliciana.

La «regla universal» de la Iglesia: El amor por encima de los talentos
Durante su homilía, el Cardenal Farrell reflexionó sobre el pasaje en el que Jesús encomienda a Pedro el cuidado de su rebaño. El purpurado fue categórico al señalar que el gobierno en la Iglesia no se sostiene sobre las capacidades humanas, sino sobre el vínculo personal con el Señor:
«Jesús no pone al frente de la Iglesia a quien tiene más dotes intelectuales, más capacidad organizativa, más carisma personal, más facilidad de palabra o de persuasión. Sino simplemente a quien le ama más que los demás».
Si bien Farrell reconoció que las virtudes de gestión y el carisma son muy importantes para quienes ejercen roles de liderazgo, advirtió que «siempre serán insuficientes si no existe el amor a Cristo». En este sentido, definió lo que llamó una regla universal: el gobernante en la Iglesia es, ante todo, aquel que ha aprendido a poner a Cristo en el primer lugar de su vida, incluso después de haber experimentado el fracaso personal.
Custodios, no dueños del rebaño
Un punto central de la homilía, que interpela directamente a los jefes, laicos y sacerdotes de Fasta, fue la delimitación de la autoridad. Farrell recordó que el rebaño pertenece exclusivamente a Jesús:
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Servicio, no sustitución: Quien gobierna jamás debe interferir en la relación personal de cada miembro con el Señor. «No se sustituye al único Pastor, al único Salvador, al único Esposo», afirmó.
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Facilitadores de la vocación: La tarea del líder es ponerse al servicio de la llamada particular que cada persona ha recibido de Dios.
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Reflejar al Buen Pastor: El ejercicio del mando debe imitar la compasión, la paciencia y el amor profundo de Cristo por sus ovejas.
Confianza en la debilidad
Hacia el final de su alocución, el Cardenal invitó a todos los dirigentes de los movimientos a no desanimarse ante las propias limitaciones y miedos, un mensaje de profunda humildad que evoca el espíritu de servicio miliciano:
«Todos nos sentimos incapaces de desempeñar las altas tareas que el Señor nos confía, pero confiamos en su compasión, en su paciencia, en la certeza de que la Iglesia pertenece a Cristo Jesús, no a nosotros», concluyó, pidiendo al Espíritu Santo los dones de sabiduría, humildad y fortaleza de ánimo para llevar adelante este ministerio.
Con la participación del padre César en el altar y de Alejandro Campos en las sesiones de trabajo, Fasta renueva en Roma su compromiso de fidelidad a la Iglesia, asumiendo el desafío de guiar a sus comunidades bajo este mandato del amor y el servicio humilde.
Homilía de Farrell
«La segunda llamada de Pedro a pastorear a los corderos, es decir, a asumir el gobierno de la Iglesia se basa únicamente en el amor a Cristo. Jesús no pone al frente de la Iglesia a quien tiene más dotes intelectuales, más capacidad organizativa, más carisma personal, más facilidad de palabra o de persuasión. Sino simplemente a quien le ama más que los demás.
Ciertamente las cualidades mencionadas son muy importantes en quien gobiernan dentro de la Iglesia pero siempre serán insuficientes si no existe el amor a Cristo.
Aquí Jesús establece una especie de regla universal: quien gobierna en la Iglesia es aquel que ante todo ha aprendido a nutrir un amor personal y sincero por el Señor Jesús. Quien ha aprendido, incluso tras varios fracasos personales a volver a poner a Cristo en primer lugar y a realizar cada servicio y tarea y misión pero por amor a Él. Quien gobierne lo hace por amor a Cristo y por eso desempeñe su servicio amando a Cristo Presente en los demás.
Quien gobierna está llamado a guiar a sus hermanos con la misma actitud del único Buen Pastor: Cristo quien ama profundamente a sus ovejas. El rebaño de Jesús, dice Jesús, es suyo. Quien gobierna nunca interfiere en esta relación que tiene cada uno con Cristo. No se sustituye al único Pastor, al único Salvador, al único Esposo. Sino que se pone al servicio de la llamada de cada uno que ha recibido en Cristo
Queridos hermanos y hermanas: todos hemos experimentado nuestra gran debilidad como Pedro. Todos nos sentimos incapaces de desempeñar las altas tareas que el Señor nos confía pero confiamos en su compasión, en su paciencia, en la certeza de que la Iglesia pertenece a Cristo Jesús, no a nosotros.
Él siga guiando en la historia, vivificándola, colmándola de dones, de carismas, de gracias a pesar de nuestros miedos, nuestras dudas y nuestras incertidumbres.
Confiémonos al Señor, que hoy renueva también para nosotros su llamada a seguirlo, a hacernos cargo de su rebaño, a reflejar para los demás, aunque sé débilmente su dulce imagen de Buen Pastor.
Que el Espíritu Santo nos conceda sabiduría, humildad y fortaleza de ánimo para llevar este ministerio.
Amén»






