El cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicastero para los Laicos, la Familia y la Vida, ha introducido, este jueves 21 de mayo, el Encuentro anual con los moderadores de las asociaciones de fieles, de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades: «Existen criterios guía que deberían inspirar la tarea de quienes representan estas realidades».
«La tarea de quien gobierna debe ser la de promover un discernimiento común para comprender cada vez mejor qué es esencial para el carisma y qué es, en cambio, secundario y contingente»: con estas palabras el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicastero para los Laicos, la Familia y la Vida, ha introducido este jueves 21 de mayo en el Aula Nueva del Sínodo, los trabajos del Encuentro anual con los moderadores de las asociaciones de fieles, de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. Una cita que toca de cerca la vida de las realidades asociativas.
Intérpretes de la voluntad de todos
«Para algunos de ustedes -ha dicho el purpurado- la tarea de gobierno conlleva responsabilidades muy amplias y un poder de decisión que tiene un gran impacto en la vida de sus grupos; para otros, las tareas de gobierno son mucho más circunscritas. Para todos permanece la llamada a ponerse al servicio de la asociación». El prefecto ha recordado que «la autoridad que están llamados a ejercer el moderador y los miembros del órgano central de gobierno» es una autoridad “delegada” «que la asociación confía a algunos miembros, no proviene “de lo alto”, no tiene un origen sacramental, divino».
En su introducción, ha destacado las tareas que corresponden a los moderadores, sintetizables en cinco puntos. «El gobierno de una asociación de fieles está encargado de la guía y representación; del cumplimiento de los fines asociativos; del desarrollo de la asociación; de la custodia fiel del carisma; y del bien espiritual y humano de los miembros».
En lo que respecta a la guía y la representación, el moderador «está encargado de guiar a la asociación». Los responsables «durante los años de su mandato deben indicar una dirección a seguir. Junto a la guía está la representación, en el sentido de que quien gobierna debe convertirse en intérprete del sentir y de la voluntad de todos ante la sociedad y la Iglesia».
Practicar la coherencia con los fines asociativos
El purpurado ha recordado que la tarea del gobierno es el cumplimiento de los fines asociativos. «[Quien gobierna] debe hacer que la asociación o el movimiento permanezcan orientados hacia esos fines, esas finalidades apostólicas específicas para las cuales se constituyeron. Quien gobierna no puede imprimir un “giro” tan radical en la vida de la asociación que lleve a la misma a un completo trastorno de sus propias finalidades».
La tercera tarea del gobierno «es el desarrollo de la asociación. La Iglesia -ha proseguido- nunca puede apuntar solo a la conservación de lo existente, sino que es por su naturaleza misionera.
En una homilía pronunciada cuando aún era prior general de la orden de San Agustín, Robert Prevost decía: “El estilo de liderazgo, en la mentalidad de quienes prefieren la conservación, es ante todo gerencial, bien organizado y eficiente: en este caso los líderes buscan mantener cada cosa en orden y hacer que todo marche sobre ruedas. Una comunidad, en cambio, si está dotada de una visión profética y de una vida dedicada a la misión, perseguirá un tipo diferente de liderazgo: el estilo de quien guía será ante todo transformador, capaz de ofrecer la visión de lo que puede ser, con la voluntad de llegar lejos y de afrontar muchos riesgos para hacer que la visión se convierta en realidad”. Este es el espíritu que debe animar también a cada asociación o movimiento».
Fieles al carisma
La cuarta tarea de quien gobierna «es la custodia fiel del carisma. Este aspecto, ha explicado el Prefecto, se refiere a las realidades que surgen de un carisma, pero se puede extender también a todas las realidades laicales aquí representadas si se habla, en lugar de “carisma”, de “patrimonio espiritual” específico de una asociación o movimiento. Por lo tanto, quien gobierna debe vivir en primera persona el carisma de la asociación y asimilarlo de modo que este configure su propia vida espiritual».
Finalmente, el quinto punto se refiere al bien espiritual y humano de los miembros. «La tarea de quien gobierna -ha continuado- significa simplemente poner siempre a las personas en el centro».
Por último, el cardenal Farrell se ha mostrado consciente de «que la consideración de todas las responsabilidades que corresponden a quien gobierna puede asustar. Se trata, en efecto, de tareas nobles, altas. Pero no hay que desanimarse. Tienen la cercanía de muchos colaboradores capaces, el apoyo de la Iglesia y de sus pastores, y la asistencia del Espíritu Santo -ha concluido- al cual deben pedir, de manera especial, el don de la prudencia, del consejo y de la sabiduría, que ciertamente les serán concedidos».






