Magisterio del Fundador y «La Certeza de que el Bien y la Verdad existen» (1ra parte)

Nelson Santillan

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La presente es una larga entrevista que le hicieron a Fr. Aníbal Ernesto Fosbery, en el Diario “La Unión”, de la ciudad de Catamarca, el 14/08/94.

Una vez más el Fundador nos sorprende con el tono claro, preciso y hasta profético de sus palabras.

A dos días de un nuevo aniversario de su natalicio, leamos ahora la primera parte del artículo publicado en aquel momento.

 

El Padre Aníbal Ernesto Fosbery nació el 23 de junio de 1933, en Buenos Aires. Fue ordenado Sacerdote Dominico el 6 de diciembre de 1959. Se recibió de Licenciado y Doctor en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. 

Este Sacerdote fundó, en 1962, la “Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino” (Fasta), desde donde busca evangelizar la cultura, la familia y la juventud.

En 1986 funda la Fraternidad Apostólica Sacerdotal Santo Tomás de Aquino, donde se preparan los Sacerdotes de Fasta.

Fue Prior Provincial de la Orden en la Argentina. Rector, durante 20 años, de la Universidad Católica de Tucumán (UNSTA); Presidente de la Organización de Universidades Católicas de América Latina; miembro directivo de la Federación Internacional de Universidades Católicas y Presidente del Consejo de Rectores de Universidades Privadas de Argentina. Entre sus publicaciones podemos mencionar: “La Doctrina de iluminación y el medioevo”; “El hábito de los primeros principios”; “La infiltración ideológica en la Iglesia Latinoamericana”; “La República Ocupada”.

En el año 1991, la Universidad Católica de Cuyo le concedió el título de Profesor Emérito de esa casa de altos estudios. En la actualidad, el Padre Fosbery es Presidente de la obra que fundara hace treinta y dos años.

 

¿Cuál es la visión que tiene de la sociedad actual?

Hay notas que van marcando ciertas características de nuestra sociedad contemporánea. Algunos intentan configurar esas características como si estuviéramos en un tiempo nuevo, que se lo quiere denominar como posmodernidad. Las características o tonos que configuran la posmodernidad no son ciertamente esperanzadores ni optimistas. Pero estas características no deben confundirnos, ya que, al hacer un análisis sobre la situación social en la perspectiva histórica, no debemos caer en un fatalismo. Hay que tener cuidado de no caer en la tentación de decir que esto va a ocurrir, así, implacablemente, porque esta percepción de lo fatal, nos llevaría a negar la presencia del espíritu y la libertad. Y, o más bien, creo que estamos llegando al final de la modernidad, estamos recogiendo lo que sembramos con algunas características propias que configuran este tiempo de la historia.

 

¿Cuál es el rol de la familia en esta sociedad?

Este es uno de los temas difíciles. Estamos en una situación muy grave porque lo que está agredido y en tela de juicio es la familia como institución o, dicho de otro modo: la institución familiar. Siempre hubo cierto modo de entender a la familia, ya sea de una manera o de otra, pero aquí lo más grave de todo es que se lesiona y se ataca la familia como institución.

 

¿Cuál es la relación de los Medios de Comunicación y la sociedad contemporánea?

Aquí hay que tener en cuenta lo siguiente: una de las características de la sociedad contemporánea es la pérdida del referente racional. Es decir, que a la gente no le interesa legitimizar el comportamiento en razón de una cierta fundamentación de racionalidad moral, religiosa, antropológica, etc. Hoy, el referente es la sociedad; uno de los referentes es la espontaneidad subjetiva del que actúa, la legitimidad del comportamiento pasa porque yo simplemente manifiesto lo que siento, y no me interesa ningún referente objetivo fuera de mí. Pero nace una paradoja, porque si acepto el consenso social, quiere decir que la sociedad civil ha desplazado a la sociedad política, la cual es siempre ordenativa a un bien común y consecuentemente impone un ordenamiento y racionalidad.

Hoy, lo que interesa es la sociedad como tal, actuando como grupo de presión, y es ahí donde los medios de comunicación, por un lado, son instrumentados al servicio de esos grupos, o ellos mismos favorecen a los grupos de presión para poder dar consenso al comportamiento social. Esto puede ser bueno o puede ser malo, depende de quién maneje el tema.

 

¿Cómo se entiende esto de manejar los medios de comunicación social?

Los medios, ¿son las máquinas, los aparatos o son las personas? Aquí hay poderes concretos. Los medios tienen nombre y apellido, lo que pasa es que no los conocemos. Lo que hay que descubrir es quiénes son estos poderes anónimos, y detrás de qué intereses están para mover a esto que llamamos “los medios”. Si se analiza el mensaje que los medios hacen hoy a la sociedad argentina, en gran medida, son de una mediocridad y de una falta de contenidos éticos que, en vez de ayudar a la comunidad en esta tarea de formar y educar a los jóvenes, los corrompen. ¿Quiénes son estos señores, por qué actúan así, quiénes son estos señores que terminan siendo unos grandes corruptores? Hay corrupción, pero no hay corrupción sin corruptos; ¿cómo se llaman estos corruptos? Tenemos enemigos anónimos, que son los peores.

 

¿Cómo actuar frente a esta situación?

Yo, lo que creo es que nosotros somos los pobres, los que no tenemos voz, no tenemos poder, no podemos pagar un espacio en los medios, no podemos actuar ahí. Entonces lo que nos queda es defendernos tratando de ayudar a discernir con un cierto criterio ético-moral, de convicción de valores, frente a cualquier imagen. Defenderse no es fácil, ya que hay poderes económicos muy grandes y, por lo tanto, qué puede hacer la gente de nuestro pueblo si se le mete la corrupción dentro de la casa. Antes, si se quería ir a los ambientes de corrupción tenía que ir a los “bajos”, a los suburbios, etc.; pero hoy, esto se lo meten dentro de su casa, se convive con la imagen de la corrupción, todo esto en nombre de la democracia y de la libertad. Entonces qué van a hacer los pobres padres de familia; ellos están constantemente agredidos. Les dicen, “si quieren, pueden cambiar de canal”. Pero eso es una tontería. En la sociedad contemporánea ¿qué hay que hacer?, ¿censurar, reprimir?; éstas son palabras que ya no se pueden utilizar. ¿Qué queda? Sólo defenderse y rezar.

 

¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia en los Medios de Comunicación?

Aquí hay toda una tarea. No sé si la Iglesia puede tener medios de comunicación, pero hay una tarea de formación que se podría hacer. Formar a quienes van a estar en los medios es una tarea importante; de alguna manera la Iglesia lo hace con algunas instituciones, con cursos y seminarios. Otro tema complejo, pero también cierto, es que los comunicadores sociales de la Iglesia, en muchos casos, no son predicadores del Evangelio. Lo ideal sería que, con pantalla de televisión o sin ella, se siga predicando la Palabra, oportuna o inoportunamente, delante de un micrófono, en una capilla, en un barrio, pero hay que hablar. Pero el tema no es fácil, no creo que se pueda resolver con facilidad, hay que trabajar desde las bases.

Por otro lado, creo que hay que formar a la gente, como mínimo, en la tarea educativa de las parroquias, por ejemplo. Formarlas para que puedan discernir un poco sobre lo que tienen delante de los ojos, o escuchando o leyendo.

 

¿Cómo ve la realidad socio-económica-política de la Argentina?

Yo no soy un experto en economía, así que no puedo dar mi opinión. Lo que sí creo, es que un país no es solamente un hecho económico. Que sobre la vigencia de los bienes útiles están los bienes de la dignidad y el decoro de la Nación. Cuando construyo una Nación estas cosas tienen que prevalecer sobre cualquier tipo de utilitarismo. El gran peligro de la Argentina es el de creer que al resolver el aspecto de la inflación está resuelto el problema del país. Creo que se ha dado un paso importante; siempre la estabilidad es algo para tener en cuenta: pero ahí ni se agota y ni se termina un proyecto político. En todo caso lo político está sobre lo económico, y lo ético y lo moral está por sobre cualquier juicio pragmático. En la Argentina de hoy, existen montón de problemas morales, políticos y éticos que aguardan respuesta. Hemos encontrado una respuesta, estamos esperando las otras.

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