Reacciona a esta noticia:
A continuación, presentamos el mensaje del Padre Fundador en el inicio del Campamento Nacional de Agrupación Juvenil “Santo Domingo de Guzmán” (enero de 1984, Molinari, Córdoba) publicado en el “Periódico del acampante”. Este campamento fue un acontecimiento crucial en la Institución, cuando soplaban vientos de cambio en nuestra Patria, y la revolución cultural comenzaba a desplegarse en todas direcciones, por lo cual había que prepararse con una formación sólida y bien fundada en nuestra Fe.
Resulta asimismo curioso ver a Fr. Aníbal mencionar a la “Ciudad Fasteana”, por lo cual podemos notar cómo ya se iba gestando en su mente y en su corazón la “Ciudad Miliciana”. También menciona allí a “nuestro Carisma Dominicano”, que luego distinguiría él mismo como nuestro “Carisma miliciano” y nuestra “espiritualidad dominicana”.
Por Fray Aníbal Fosbery OP
Una nueva convocatoria y aquí estamos. Todo sucedió como de costumbre. Fueron llegando las delegaciones los abrazos y saludos del reencuentro, y enseguida comenzó a surgir la Ciudad Fasteana de nuestro campamento: cortar yuyos, armar caminos, plantar el mástil y organizar la cocina. Y sin embargo, a pesar de que lo formal sigue siendo lo mismo, no hay duda, en este campamento de la Agrupación Juvenil, soplan nuevos vientos para la Institución.
Estamos persuadidos de lo Providencial de esta convocatoria, porque a la Providencia de Dios se la descubre, entre otras cosas, por los signos de los tiempos. Y después de los veinte años culminados ruidosa y emotivamente en nuestras olimpíadas (1), rescatamos como la presencia de una madurez institucional que permite, reafirmando lo que somos y siempre hemos sido, tratar de conformar las respuestas que los tiempos exigen. Este campamento es uno de los modos con los que la Institución responde a las exigencias del tiempo que estamos viviendo.
Por eso no es de extrañar que, por un lado, la Institución pueda presentar un cuadro de mandos acorde a las circunstancias y, por otro, un grupo de milicianos homogéneo, compacto, fervoroso, identificados con la Institución y con el gran deseo de participar más allá de las exigencias y disciplinas de trabajo que reclama este campamento.
Algunos se preguntarán si esto no es un modo de abandonar nuestras viejas metodologías. Nosotros creemos, por el contrario, que es afirmarnos, pero esta vez en función de los objetivos prioritarios de la Institución que siempre han sido y seguirán siendo conforme a nuestro carisma dominicano, los de la formación. Formarnos, he ahí una exigencia que en la Argentina de hoy se hace esencial.
La juventud ha sido protagonista de los últimos sucesos políticos que vivió el país y, frente al hecho auspicioso que esto siempre significa, sin embargo, no podemos dejar de destacar que la mayoría de las veces se la ha querido usar o instrumentar. Nuestro campamento con esta tarea doctrinal que gira sobre cuatro ejes fundamentales de la problemática social y política, permite que nuestros milicianos, comprometidos con la Patria hasta Dios, pueda tener los criterios necesarios para no traicionar con los comportamientos y decisiones políticas lo que fundamenta su estilo de pensamiento y de vida.
Somos una Institución de Iglesia comprometida en la evangelización de la Patria, y la tarea formativa del campamento que, por otro lado, marca el tono propio de nuestra formación, no se puede quedar solamente en el nivel de formulación universal y teorética de la doctrina, de los principios teológicos, filosóficos, del magisterio político y social de le Iglesia. Debe incursionar hasta el nivel mismo que permita percibir la dimensión histórico-cultural de la Argentina Cristiana. Como milicianos somos responsables de defender este patrimonio que marca los hitos históricos de la Constitución del país, enriquecidos con la presencia de un pensamiento católico comprometido y vibrante, protagonizado la más de las veces por laicos de la talla de un Estrada, un Goyena, un Cáceres y que hoy lamentablemente pareciera un poco adormecido.
No intentamos coaccionar comportamientos, pero debemos irrenunciablemente iluminar criterios. Hay algo que llama la atención en esta dinámica acampante; durante largas horas del día nuestra ciudad de lona está silenciosa. Cuesta creer que cobije a más de cien jóvenes milicianos. Sin embargo, quizás sea ese su signo más positivo. Son las largas horas que el miliciano dedica al estudio, al silencio, a la reflexión. Después viene el alboroto que se corta al declinar la tarde con el ritual sobrio de nuestras formaciones donde como nunca pareciera cumplirse el lema de la canción: «Sólo palabras limpias, sólo verdades recias…». El Señor en la Eucaristía diaria, a cielo abierto, recoge en plegaria, en propósitos y comunión de corazones, la honda y oculta consigna que cada uno ya ha depositado en su espíritu,
Al fin del campamento, en los Rucas, nuestros milicianos más jóvenes y más viejos aguardarán nuestra llegada. Todo volverá a ser como siempre, pero nosotros estamos seguros que a partir de este campamento muchas cosas habrán también cambiado.
- Se refiere a las Olimpiadas Nacionales de Fasta, realizadas en enero de 1983 en la Ciudad de Leones, Córdoba






