Una huella de fe en la comunidad: los Seminaristas compartieron en Mar del Plata la vivencia de su histórica peregrinación

Nelson Santillan

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En un clima de profunda emoción, recogimiento y comunión fraterna, la comunidad de Fasta Mar del Plata recibió a los seminaristas que a comienzos de este año 2026 llevaron a cabo una travesía apostólica y espiritual sin precedentes: una peregrinación a pie de más de 800 kilómetros. El recorrido unió dos epicentros de la devoción argentina, conectando la Basílica de Nuestra Señora de Luján con el Santuario del Santo Cura Brochero en las sierras de Córdoba.

El encuentro en la ciudad balnearia tuvo un significado sumamente especial. Dos de los jóvenes expositores que tomaron la palabra durante la presentación, Matías Conti y Francisco Molinari, son egresados del Colegio Fasta de Mar del Plata. Volver a los patios y salones que los vieron crecer para dar testimonio de su vocación sacerdotal y del camino recorrido le aportó a la velada una calidez única, donde el orgullo de la comunidad educativa se fundió con el asombro ante la magnitud de la hazaña espiritual.

El sentido del camino: 40 años de la Fraternidad y oración por la Iglesia

Al abrir la exposición, Francisco Molinari fue el encargado de encuadrar el origen y las intenciones que impulsaron esta peregrinación a lo largo de un mes completo de caminata. En su mensaje, destacó la triple motivación espiritual que llevó a los seminaristas a ponerse en marcha desde el altar patronal de la Patria:

«Los motivos principales fueron celebrar y agradecer los 40 años de la Fraternidad Sacerdotal, rezar por los sacerdotes de nuestra Iglesia y pedir fervientemente por las vocaciones sacerdotal y religiosa», expresó Molinari.

El joven seminarista marplatense explicó cómo la oración constante transformó el esfuerzo de cada jornada en una ofrenda concreta: «Cada día la actividad se convirtió en una experiencia más fuerte y rezábamos por un sacerdote y una catherina [miembro de la red de laicos del movimiento Fasta], sumando además todas y cada una de las intenciones que nos iban llegando a lo largo del trayecto desde distintas comunidades del país».

Organización, mística cotidiana y el desgaste del trayecto

A su turno, Matías Conti compartió los aspectos logísticos y vivenciales que marcaron la rutina diaria en la ruta. Lejos de ser un itinerario rígido o resuelto desde la comodidad previa, el peregrinar implicó una adaptación constante a las inclemencias del tiempo, los terrenos exigentes y las necesidades de cada pueblo.

«La organización exacta de la actividad la fuimos descubriendo al momento de realizarla. Íbamos pueblo a pueblo resolviendo las necesidades básicas, la administración y la mística. Fue una experiencia cotidiana de providencia», relató Conti.

El itinerario requirió un compromiso radical por parte del grupo de caminantes. Conti subrayó el impacto de «sostener la peregrinación durante un mes entero, lo que significó un enorme esfuerzo tanto físico como espiritual». El cansancio acumulado, las ampollas, las largas jornadas bajo el sol o la lluvia y las madrugadas en vela hallaron su causa en la unión de la comunidad de peregrinos.

Instrumentos de la gracia: la protección de la Virgen y del Cura Brochero

A pesar de la magnitud de la hazaña y del despliegue organizativo, ambos seminaristas insistieron ante la audiencia marplatense en que el éxito de la misión no residió en sus aptitudes personales. La humildad y el reconocimiento del paso de Dios fueron el eje central de sus relatos.

«Pero todo lo que sucedía no éramos nosotros. Eran los santos: la Virgen de Luján y el Santo Cura Brochero. Pudimos hacer esta peregrinación por la Iglesia argentina», afirmó Conti con convicción.

En ese sentido, la vida espiritual del grupo se mantuvo encendida a través de hitos diarios de piedad mariana: «Todas las noches rezábamos una Oración de consagración a la Virgen», compartieron, recordando cómo la presencia materna de María fue el abrigo espiritual al finalizar las etapas más duras del camino.

Un signo de esperanza para Fasta y para la Ciudad

La presentación concluyó con una profunda reflexión sobre el fruto apostólico que la travesía dejó a su paso por decenas de parajes, pueblos y ciudades argentinas. La presencia de un grupo de jóvenes consagrados caminando las rutas generó a su paso un impacto que conmovió a las familias, a los párrocos locales y a los vecinos que salían a darles el encuentro.

En sus palabras finales, los seminaristas resumieron el propósito trascendente de la experiencia:

«El Señor nos utilizó a nosotros y la Virgen hizo que fuéramos un signo de esperanza».

Con este testimonio brindado en Mar del Plata, la comunidad de Fasta renueva su compromiso con la formación vocacional y celebra el ejemplo de sus antiguos alumnos, quienes hoy, convertidos en seminaristas, continúan llevando la buena noticia a lo largo y ancho del país.

 

 

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