El tejido de la comunidad: Silvano Penna analizó las virtudes sociales en “De Tomás a vos”, programa completo

Nelson Santillan

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En una nueva emisión sabatina del ya tradicional programa radial “De Tomás a vos”, que se emite cada sábado a las 8 de la mañana bajo la ágil conducción de Juan José Tumbarello y Lautaro Lamela, el aire se llenó de densa doctrina y profunda reflexión filosófica. En esta oportunidad, la mesa de diálogo contó con la destacada participación del Dr. Silvano Penna, reconocido especialista en el pensamiento tomista, quien desmenuzó con notable claridad pedagógica el andamiaje de las virtudes sociales a la luz de la obra de Santo Tomás de Aquino.

El eje del encuentro se situó en una verdad antropológica fundamental que el Aquinate hereda de Aristóteles, pero que eleva bajo la luz de la fe: el ser humano no es un átomo aislado ni un individuo que pacta vivir en sociedad por mera conveniencia o temor, sino un «animal social y político». Nuestra naturaleza nos empuja constitutivamente hacia la comunión con los demás; por lo tanto, la plenitud de la vida humana y la propia santidad no se construyen al margen de la comunidad, sino en el corazón de ella. Las virtudes sociales son, precisamente, aquellas disposiciones habituales del alma que perfeccionan nuestra convivencia y hacen posible la realización del Bien Común.

La Justicia como viga maestra y sus dimensiones

Durante la entrevista, el Dr. Penna enfatizó que la justicia es la virtud social por antonomasia. Definida clásicamente como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo, Santo Tomás la analiza no como un sentimiento abstracto, sino como una ordenación objetiva de las relaciones humanas. El diálogo radial permitió desglosar sus tres dimensiones esenciales. En primer lugar, la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre particulares y exige el estricto respeto a la palabra empeñada en contratos y promesas. En segundo término, la justicia distributiva, que dicta los deberes de la comunidad y de quienes la gobiernan hacia el individuo, garantizando la equidad en el reparto de cargas y beneficios. Por último, se destacó la justicia legal o general, aquella que el ciudadano debe a la comunidad y que se traduce en el cumplimiento de las leyes legítimas y en el servicio activo para alcanzar el Bien Común.

El reconocimiento de las deudas impagables: Religión, Piedad y Observancia

Uno de los momentos más ricos de la exposición del Dr. Penna ocurrió al abordar lo que la tradición tomista denomina las «partes potenciales» de la justicia. Se trata de virtudes que imitan a la justicia porque se dirigen al otro, pero que no alcanzan su estricta igualdad matemática debido a que la deuda que se tiene es, por su propia naturaleza, impagable.

Allí relució la virtud de la Religión, que ofrece el debido culto a Dios como principio creador, y de manera subsiguiente, la virtud de la Piedad. Los conductores, Tumbarello y Lamela, dialogaron con el invitado sobre cómo la piedad —lejos de ser una mera sensiblería— constituye el reconocimiento, la gratitud y el amor debido a los principios de nuestro ser terrenal: los padres y la Patria. Se subrayó con especial énfasis el concepto de piedad en el Amor a la Patria: honrar el suelo, la historia, la fe y las tradiciones heredadas no es una opción ideológica, sino un imperativo moral de justicia elemental. Quien no ama a su Patria difícilmente pueda edificar un orden social justo. Ligada a esta, la virtud de la Observancia nos invita al respeto y sano acatamiento de las autoridades legítimas, como maestros y gobernantes, reconociendo el valor de la jerarquía para el orden social.

Las virtudes del día a día: Veracidad y Afabilidad

Para finalizar el bloque, la mesa radial se detuvo en aquellas virtudes que actúan como el «cemento» de las interacciones cotidianas. Santo Tomás insiste en que la sociedad humana no podría subsistir si los hombres no se creyeran unos a otros. Por ello, la Veracidad se presenta como un deber social ineludible; la mentira y el engaño destruyen la confianza pública y resquebrajan las instituciones.

Por último, se reivindicó la virtud de la Afabilidad o amistad social. El Dr. Penna recordó una máxima bellísima del Aquinate: «Ningún hombre puede vivir sin placeres, y por eso es necesario que el trato con los demás sea placentero». La afabilidad nos impulsa a ser cordiales, educados y amables con quienes nos rodean, evitando tanto la aspereza del trato hosco como la falsedad de la adulación.

La emisión de “De Tomás a vos” dejó una conclusión contundente para sus oyentes: las virtudes sociales demuestran que el pensamiento católico ofrece un modelo de ciudadanía robusto, donde el compromiso comunitario, la lealtad hacia la Patria y la amabilidad cotidiana son el reflejo temporal de un orden eterno.

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