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Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano
Todos estamos invitados, como creyentes de las distintas religiones, a comprometernos conjuntamente en la construcción de la ciudad de Dios a través del «camino de Nehemías», descrito por el Papa León XIV en la encíclica Magnifica humanitas, y, por tanto, a «decidirse a trabajar hombro a hombro para reconstruir los grandes valores de la humanidad, del mismo modo que el profeta reconstruyó la ciudad de Dios, poniendo su confianza en Dios, valorando la riqueza de la diversidad, implicando a todos en la construcción, escuchando y dialogando con todos con respeto y confianza».
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Así lo afirmó el cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, en la lectio magistralis pronunciada este viernes 11 de septiembre de 2026, en Buenos Aires, en la sede de la Pontificia Universidad Católica Argentina, sobre el tema «Diálogo y encuentro, camino para construir la magnífica humanidad».
Trabajar juntos como «artesanos del encuentro y del diálogo»
Después de las palabras de bienvenida y la introducción a la Jornada Académica por parte del rector de una de las principales universidades católicas del país, Miguel Á. Schiavone, de un momento musical dedicado a Bach y de la lectura de poemas de Christophe Lebreton, el prefecto impartió su lectio, subrayando que «nadie puede sentirse ajeno» al proyecto propuesto por el Papa en su primera encíclica, «en el que está en juego el futuro de la humanidad».
Invitó a aprovechar este encuentro «para establecer vínculos que se concreten en acciones comunes. Seamos creativos a la hora de buscar cauces institucionales para el diálogo permanente que nos permitan concretar proyectos de colaboración. Y todo ello sin que las relaciones ‘institucionales’ nos lleven a perder el calor de la amistad y la cordialidad, que nos hará trabajar como auténticos artesanos del encuentro y del diálogo».
El «síndrome de Babel» y el «camino de Nehemías»
El cardenal Koovakad, después de transmitir el afecto y el saludo de León XIV, que estará en Argentina del 8 al 11 de noviembre, recordó que el Pontífice identifica en los primeros párrafos de Magnifica humanitas el «síndrome de Babel» y el «camino de Nehemías» como dos maneras alternativas de situarse ante la realidad y el mundo.
En el primer caso, el ser humano se concentra en proyectos «que ensalzan el ingenio humano con ideologías que lo alejan de Dios, creyéndose autosuficiente y apoyándose en sus propias fuerzas», y adopta actitudes «que le impiden abrir su corazón al hermano y dialogar».
En el segundo, decide poner «su confianza en Dios» y, como el profeta, «coordina los esfuerzos de todos, reconcilia las posturas enfrentadas, y así consigue que la ciudad de Dios renazca, en un clima de comunión y armonía».
Si el «síndrome de Babel», para el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, «aleja de Dios y deshumaniza, haciendo prevalecer el individualismo y las filosofías materialistas que anestesian la conciencia humana y ponen en crisis el mundo moderno», el «camino de Nehemías», por el contrario, «acerca a Dios y engrandece la dignidad humana».
Un testimonio al servicio del bien común de la humanidad
Cada uno de nosotros, según el Papa, puede «ser constructor de comunión o arquitecto de Babel» y, desde el lugar que ocupa, ya sea en el ámbito laboral, religioso o familiar, subrayó el cardenal indio, tiene «la responsabilidad de edificar sobre el bien y la justicia, de manera que la humanidad no pierda su propia belleza y se haga posible la fraternidad universal y la paz».
Por ello, también las religiones están llamadas hoy a tomar el «camino de Nehemías», que «es camino de sanación de los vínculos, superación de los prejuicios, purificación de la memoria, diálogo, apertura al otro que facilite el encuentro ‘cara a cara’ y testimonio común al servicio del bien común de toda la humanidad creada por Dios».
Citando el magisterio del Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti y en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, el cardenal Koovakad explicó que, como creyentes de las distintas religiones, «nos necesitamos unos a otros para ampliar el horizonte de la Verdad, según el ‘modelo del poliedro’, que es capaz de incorporar la totalidad de las visiones y perspectivas en la búsqueda del bien común, sin que nadie quede excluido o descartado». «No son tiempos para atrincherarnos en visiones parciales y fragmentadas de la realidad», dijo.
También reiteró los principales puntos del Documento sobre la Fraternidad Humana por la paz mundial y la convivencia común, firmado por Francisco y el imán Al-Tayyeb, comenzando por el principio de que «la fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano que debe sostener y amar» y nunca puede ser, por el contrario, «un motivo de enfrentamiento y división, sino todo lo contrario».
Nunca más conflictos por motivos religiosos
«Cualquier ofensa a la dignidad de la vida humana, que es un don sagrado -recordó el prefecto-, no encuentra fundamento en la religión, sino que es ‘fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado de la influencia del sentimiento religioso en el corazón de los hombres».
Dejó claro que «es responsabilidad nuestra que nunca más se abran en el campo de la historia las heridas de la guerra por motivos religiosos, y, para ello, hemos de comprometernos a trabajar sin descanso junto a otras instituciones a todos los niveles en un pacto educativo global que transforme la sociedad desde dentro y asegure un futuro en el que se asuma ‘la cultura del encuentro como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio'».
De la defensa de la libertad religiosa a la de los más pobres
Entre los compromisos comunes de las tradiciones religiosas a la hora de converger en los caminos, el cardenal mencionó la defensa del «derecho fundamental de la libertad religiosa», subrayando que «solo si reconocemos la acción de Dios en las otras religiones y la dignidad esencial de todo ser humano, este derecho tendrá un fundamento teológico, y no estará al vaivén de las decisiones arbitrarias e ideológicas de los distintos gobiernos». De manera especial, exhortó a proteger a las minorías religiosas, «y que la religión mayoritaria en un país se convierta en la defensora de las minorías, para que nadie sea discriminado por su pertenencia o no pertenencia religiosa».
Koovakad habló después de la colaboración en la defensa de los derechos y la dignidad de los más pobres, del trabajo por el desarrollo integral de los pueblos y el cuidado de la casa común, así como de la necesidad de «condenar sin ambages la guerra como medio para resolver los conflictos, hoy más que nunca un camino obsoleto e ineficaz», proclamando juntos «la única vía verdaderamente humana y humanizadora es la de una paz desarmada y desarmante», la indicada por el Papa León XIV.
Acciones comunes que «revelan el rostro de Dios en quien creemos»
De Magnifica humanitas, el prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso retomó también la necesidad de «un uso ético de la inteligencia artificial, en el respeto de la dignidad humana y con la clara determinación de que no pueda ponerse al servicio de la guerra».
Esto se debe a que, concluyó Koovakad, «el testimonio común al servicio del más vulnerables, la defensa de su dignidad sagrada, el cuidado de la creación, no son meras opciones sociológicas o caritativas fruto de una sana filantropía, sino que brotan de nuestra propia identidad religiosa, y revelan el rostro del Dios en el que creemos».
La oración comunitaria interreligiosa y la Misa
Después de la lectio magistralis del cardenal, el programa de la Jornada continuó con el saludo del director del Instituto Papa Francisco, el padre Fabián Báez, seguido de una conversación del cardenal y del arzobispo de Buenos Aires y gran canciller de la UCA, monseñor Jorge García Cuerva, con los estudiantes de la Universidad.
Al término se celebra una oración comunitaria interreligiosa de clausura y la Santa Misa en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.






