Carlos Freile: «La antieducación»

Nelson Santillan

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Carlos Freile afirma que «En nuestro mundo actual, con todas sus complejidades y diferencias entre países, se ha impuesto una visión destructiva sobre la realidad de la persona humana».

Por Carlos Freile (*) para «La Hora», Ecuador, 17 de octubre 2026

En nuestro mundo actual, con todas sus complejidades y diferencias entre países, se ha impuesto una visión destructiva sobre la realidad de la persona humana. Desde el siglo XVIII, con el nefasto Rousseau y sus lacayos mentales, reina la concepción individualista en la práctica de las relaciones sociales. Tan individualista es la concepción moderna del ser humano que se ha establecido como algo indiscutible que la familia es una institución de la cual se puede hacer a menos. Por ello se han dado varios pasos, metódicamente planificados, para destruirla, los cuales no describiré en esta oportunidad.

El resultado es evidente: innumerables jovencitos crecen a su aire, sin el apoyo psicológico y moral de sus progenitores: no solo en los casos en que el padre, movido por egoísmos inmaduros, los abandona en busca de mayor libertad o “comprensión”, sino en los otros en que el padre, impulsado por el anhelo de dar mayor seguridad económica a la familia, está ausente en la práctica. En ocasiones, el padre es el vivo ejemplo de la victoria sin condiciones del vicio o de la amoralidad, desde el alcoholismo hasta el “todo vale”.

También malogra el crecimiento armónico y normal de los niños la ausencia de la madre en la edad de la configuración de la personalidad por el ansia de realizaciones individuales o por la necesidad perentoria de llevar el pan al hogar o de mantenerlo a flote a pesar de todo. La ausencia del amor materno puede producir auténticos terremotos emocionales con consecuencias perdurables.

En torno a tantas pseudofamilias pululan innumerables personajillos “exitosos” en lo material porque han logrado fortuna, poder o fama con medios ilícitos, son admirados por la gente superficial, se convierten en modelos de esos chicos sin presencia adulta positiva quienes ansían imitarlos para alcanzar su tren de vida, sin Dios ni ley.

Repasemos con calma el bombardeo informativo que abruma a los jovencitos y constataremos la falta de valores, la apología de malandrines y de irresponsables, que supera largamente cualquier intento de educación formal en “valores”. La sociedad instruye en facilismo, superficialidad, mediocridad, irresponsabilidad, hedonismo, ignorancia autocomplaciente, sin que la familia tenga la posibilidad de contrarrestarla por su propia situación agónica y su insignificante influencia; con las consabidas y tópicas excepciones.

Si ansiamos reformar la sociedad, comencemos por la base, salvar a la familia. No existe otro camino, lo demás es mera palabrería, a veces mal intencionada, otras hipócrita, muy rara vez, sincera.

(*) Profesor universitario desde 1974. Numerario de las Academias de Historia, Lengua, Historia Eclesiástica; correspondiente de varias extranjeras. Autor de unos veinte libros sobre Historia del Ecuador y uno sobre El Principito».

NDR: Agradecemos al profesor Carlos Freile por su predisposición.

 

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