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No tenemos datos del siguiente reportaje que le hicieron a Fr. Aníbal E. Fosbery O.P., nuestro Padre Fundador. Pero a partir de algunas referencias en el contenido, deducimos que data del fin del año 1997 o de algún momento del año 1998. Es interesante prestar atención a las palabras introductorias del artículo. Y las preguntas son concretas. Ni hablar de las respuestas del Cura, en las cuales se ve cómo va gestando en su mente y en sus palabras la que poco tiempo después sería su obra magna, “La Cultura Católica” …
El padre Aníbal Fosbery O.P. es Presidente de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino y Gran Canciller de la Universidad FASTA de Argentina. Intenta atraer a los jóvenes a Dios a través de la cultura y del descubrimiento de la verdad.
¿Cómo nació esta iniciativa?
Esta obra lleva treinta y cinco años en Argentina. Comenzamos con seis jóvenes de 14 a 15 años. Yo era un joven sacerdote recién ordenado.
Hay una cosa importante para comprender el carisma de Fasta: nacemos en 1962. en tiempo del Concilio, de la Latinoamérica «caliente» de los años 60. Allí había que llevar un mensaje lo suficientemente atrayente para que el joven confundido, viera que Fasta, al presentarle a Cristo. le mostraba un camino que valía la pena. Es entonces cuando la obra define claramente su perfil: es una obra de laicos. Son los jóvenes quienes empiezan a evangelizar a otros jóvenes y a fundar la obra en diversos lugares. Hablamos del laico porque nos pareció una de las aportaciones más importantes del Concilio: que él, asumiendo las estructuras temporales, las reordene según el espíritu del Evangelio.
¿Cómo encontró la juventud argentina?
El joven de hoy ha perdido el referente racional. Hay que encontrar respuestas que lo seduzcan y enamoren, que expresen las realidades invisibles -como el Misterio de Dios- de un modo que lleguen a su corazón. Se impacta primeramente por las cosas visibles y requiere testimonios muy claros. Nosotros empezamos por su conciencia, desde ella subimos a la razón, y por último los abrimos al Misterio de Dios. Si no se sitúa el tema de Dios en la conciencia es muy difícil.
Lo que más necesita el hombre de hoy es a Dios. Está claro que los jóvenes nos piden a Dios, y reclaman una religiosidad sin formalidades vacías. El joven de hoy, cuando se le descubre realmente el mensaje de Dios, se entrega: esta es la experiencia de Fasta. Empezamos con seis jovencitos y hoy tenemos la obra en todo el país, con colegios, universidades y centros de formación de jóvenes. En 1997 fundamos la rama sacerdotal de la obra…. Algunos de los mismos jóvenes que descubrieron a Dios en FASTA, descubrieron también su vocación sacerdotal.
¿Se empobrece la cultura cuando le faltan los valores religiosos?
No es posible cultura sin Dios. Para que esta sea verdadera, debe tener dos notas fundamentales: trascendencia y universalidad. Sólo en ella el hombre descubre su origen y su destino, Chesterton decía: Quitad lo sobrenatural y no va a quedar ni lo natural.
La sociedad de hoy no tiene cultura católica Nosotros queremos hacer presente la Iglesia en la sociedad, pero distinguiendo muy bien la dimensión del misterio y la de la cultura, sabiendo que la cultura católica empieza en el misterio, al cual nos adherimos por la fe, y no al revés. El sentido de la palabra cultura se minimizaría si se asignara a la sociedad actual. Creo que la sociedad actual es «bárbara» desde este punto de vista: no tiene sentido del misterio de Dios, de su origen, de su destino. Nosotros queremos rescatar a estos “bárbaros”, volver a la pedagogía de los trascendentales (el bien, la belleza…) y crear espacios donde esta pedagogía seduzca.
¿Qué es lo que santo Tomás ha aportado a la cultura y al joven de hoy?
Santo Tomás ha dado el parámetro doctrinal a la cultura católica, de tal manera que cualquier intento de iluminar el orden de la naturaleza desde el misterio de Dios, o de mostrar cómo se pueden integrar las cosas desde la fe, se va a topar con Santo Tomás. Él ha logrado dar el entramado doctrinal a la gran fusión de la antigüedad pagana con la cristiana, que configuró la cristiandad.
El rescata la realidad y prioridad del ser sobre la idea: las cosas son solamente porque Dios las conoce, nosotros las conocemos porque son. Cuando el hombre cree que la verdad es algo que él impone a la realidad, se está poniendo en el lugar de Dios. Santo Tomás dice lo contrario: uno conoce las cosas porque Dios las ha creado, son las cosas las que imponen la realidad al hombre.
El hombre de hoy no puede nombrar a las cosas porque les ha quitado valor objetivo. La palabra tiene la misión de nombrar las cosas desde Dios, desde lo que son según Dios. La palabra debiera ser la expresión que el hombre, como Adán (cfr. Gn 2,19), incuba en su espíritu, para después nombrar a las cosas que ha recibido como creadas por Dios. Pero ahora la palabra pierde su misión, y se transforma en un ruido material de sonidos de los que el hombre dispone de acuerdo a lo que las circunstancias le marquen o su interés le proponga
El mismo argumento que ha usado para la palabra, Santo Tomás lo aplica a la persona, la rescata y la apoya sobre la naturaleza: esta persona es hija de Dios, hermana de Cristo y heredera del cielo. Esta es su dignidad.






