Magisterio del Fundador

León XIV, sucesor de Pedro, Pedro vicario de Cristo, Cristo, el hijo de Dios vivo

Por Nelson Santillan6 min de lectura0 vistas
León XIV, sucesor de Pedro, Pedro vicario de Cristo, Cristo, el hijo de Dios vivo
Imagen de San Pedro en la basílica de San Pedro

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Con ocasión de la solemnidad de san Pedro y san Pablo (29 de junio), Príncipes de los Apóstoles, el Padre Fundador dio una vibrante homilía. Nótese que por aquel entonces gobernaba la Iglesia el que hoy es san Juan Pablo II, pero adviértase también cómo lo que dijo el P. Fosbery aplica perfectamente a los que siguieron como sucesores de Pedro, hasta llegar el actual, S.S. León XIV, cuya visita a partir de este domingo a Argentina, nos motivó a traer estas enseñanzas (1).

 

Ayer celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo, y toda la Iglesia recordó a Juan Pablo II, el Papa felizmente reinante.

Quisiera hoy hacer una reflexión sobre esta realidad misteriosa en la vida de la Iglesia, que es la presencia del Sumo Pontífice. Aquel primer Papa, Pedro, el Señor le hizo la primera gran revelación, que él después iba a expresar cuando el Señor se lo preguntó: ¿quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Bueno, dijeron algunos, unos que Elías, otros que Jeremías, o a alguno de los Profetas. Y el Señor se volvió sobre ellos y les dijo: y ustedes, ¿quién dicen que soy? Y tomando la palabra Pedro, el primero, dijo: tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y le contesta el Señor: bienaventurados Simón bar Jonás, Simón hijo de Jonás, porque esta verdad no te la ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: tú que eres Pedro. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos; todo lo que desates será desatado. Y se da como una suerte de pacto, de alianza entre Dios y Pedro, entre Cristo el Hijo de Dios, y Pedro, a quien el Señor le ha infundido esta revelación, la verdad total, la única verdad que nos va a salvar: que Cristo es el Ungido de Dios, y El Salvador.

Jesús y Pedro
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Y en otra oportunidad el Señor le dirá a Pedro: Pedro mira que el Demonio quiere zaherirte como el trigo en la criba, pero yo he rezado al Padre para que tu fe no desfallezca. Y cuando tú te conviertas, confirma en la fe a tus hermanos. Y está ya todo dispuesto y preparado para que empiece a manifestarse el Reino de los Cielos en medio de los hombres. Pero a través de en una absoluta realidad que no podrá ser negada sin quebrar el misterio del reino: la presencia viva de Pedro hasta que vuelva el Señor.

La imagen de san Pedro revestida como papa todos los 29 de junio
La imagen de san Pedro revestida como papa todos los 29 de junio

Por eso el Evangelio de Juan termina con aquel misterioso interrogatorio del Señor a Pedro, cuando se le presenta junto al lago de Genezareth como resucitado: ¿Pedro me amas?; sí Señor te amo, apacienta a mis ovejas. ¿Pedro me amas?, sí Señor te amo, apacienta mis ovejas. ¿Pedro me amas?, Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo, apacienta mis corderos. Y después le dice: sígueme (…).

Estará Pedro siguiéndolo al Señor hasta que Él vuelva.

Estará Pedro siguiéndolo al Señor hasta que Él vuelva. Pedro se llamará en alguna circunstancia Juan XXIII (…) Se llamará en otras circunstancias Pablo VI (…) Se llamará Juan Pablo II, no importa, es Pedro aguardando que vuelva el Señor. Es Pedro, el primero, el que recibió la misión de confirmar en la fe a los hermanos. Es Pedro, el primero, a quien se le han dado las llaves del Reino de los Cielos. Es Pedro, el primero, que tiene un poder misterioso que ningún hombre en la tierra por poderoso que sea, le podrá igualar. Pedro el primero.

El Fundador con el sucesor de Pedro
El Fundador con el sucesor de Pedro

Pedro, el primero, está incorporado definitivamente al misterio profético de la Iglesia. Quiero decir que Pedro es la voz sensible, que encarna en la dimensión humana visible de la Iglesia, inserta en la historia, el misterio profético de la Iglesia. La dimensión de profecía que vive la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, y que se expresa a través de dos realidades que se han hecho ya vivas en la misma vida de Pedro el primero: la infusión en la Iglesia del misterio de la verdad revelada, ¿quién dicen los hombres que soy yo? Cristo, el Hijo de Dios vivo proclamó Pedro. Y hasta que Cristo vuelva, Pedro se llame Juan XXIII, se llame Pablo VI, se llame Juan Pablo II, tendrá que expresar esta verdad que llena el misterio pleno de la Iglesia: tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo. Este misterio profético en la Iglesia, que hace que viva en el corazón de la Iglesia el misterio de la verdad revelada, contemplada, recibida en la Iglesia y contemplada, y expresada y proclamada, será la nota distintiva del Pedro en el misterio de la historia de la Iglesia. 

León XIV sucesor de Pedro
León XIV sucesor de Pedro

Pedro dirá siempre: tú eres el Cristo

Pedro dirá siempre: tú eres el Cristo del Hijo de Dios vivo. Y muchos Pedros murieron mártires por decir: que tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo. Explicación misteriosa que la contemplación que la Iglesia hace de esta verdad en el interior del corazón de la Iglesia. Esta verdad viva contemplada por la Iglesia, y expresada en el testimonio de Pedro, el primero, la cabeza, el Vicario de Cristo (…) Pedro el primero, encarna la voz sensible de la Iglesia. Ejercita esta misteriosa presencia profética de la Iglesia, iluminando. Y esta iluminación se manifiesta, no tanto en el magisterio universal de la Iglesia, y extraordinario, que se da a través de sus Encíclicas; sino en el Magisterio ordinario de la Iglesia, que va generando al lado de la verdad misma revelada recibida de Dios, una traditio, una tradición que alimenta el misterio de la Iglesia, y lo hace presente en la vida cotidiana del hombre. De esta manera la Iglesia va iluminando lo que el hombre debe hacer, los comportamientos humanos, la realidad moral. Es como si en el Papa estuvieran actuando de modo pleno los dones del Espíritu Santo, no ya vistos como dones perfectivos de la vida moral del bautizado en particular, sino como dones actuando en el misterio todo de la Iglesia a través del Papa. El Papa ejercitará con su magisterio, con su enseñanza ordinaria, permanentemente esta actitud de sabiduría, de ciencia, de consejo, de temor. La Iglesia se hace así un misterio profético de verdad que encarna a toda la realidad del hombre, a toda la realidad cotidiana del hombre. Ella va descubriendo en el caminar del hombre, donde están los caminos donde aparece el Demonio, y lo denuncia. Ella descubre a los hombres donde están los comportamientos que quiebran el misterio de Dios, donde está el pecado desintegrando al hombre. Y donde está la verdad, donde está el ejercicio de la verdadera libertad. Cuáles son los caminos de salvación. El Papa ejercitando su don profético, va generando una maravillosa enseñanza que le da a la Iglesia, esa perdurabilidad en la historia del hombre, acompañándolo con esa penetración profunda que ilumina todo los comportamientos morales, sociales, religiosos, culturales. Es Pedro, el primero que le da a esta enseñanza universal, católica, que llega hasta los confines del hombre, que ilumina todas las culturas, que baja hasta todas las realidades humanas así de heterogéneas, así de diversas, una realidad iluminante, por el don profético.

El Papa le da a la Iglesia la unidad perfecta, porque asume la realidad del hombre y la inserta en el misterio profético de la Iglesia que contempla, en el silencio de las cosas de Dios, la verdad revelada. Quitemos al Papa de la Iglesia, y desaparece la Iglesia.

 

  1. Extraído de “Vida de Santos”, MDA, 2018, págs. 185-188 (invitamos, por supuesto, a leer completa esta homilía de Fr. Aníbal).

 

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