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En cierta ocasión de la cual no tenemos mayores datos, excepto que se trataba de un campamento de formación de dirigentes que se llamó “Pablo VI” (lo que parece indicar que fue en los primeros años de Fasta), el Fundador concisamente aleccionó sobre un tema central para los milicianos de ayer, para los milicianos de hoy y para los milicianos de siempre.
En nuestra Institución no hay mando ni obediencia que no pueda ni deba fundarse en la Caridad Fraterna.
El miliciano obedece, antes que nada, porque ama: ama el Bien Común, ama a la Institución, ama a su superior, ama a sus hermanos milicianos.
El ejemplo de nuestro Estilo de obediencia miliciana lo da el SEÑOR.
Por eso el apóstol Pablo enseñaba: «Todos deben someterse a las autoridades constituidas, porque no hay autoridad que no provenga de Dios y las que existen han sido establecidas por él. En consecuencia, el que resiste a la autoridad se opone al orden establecido por Dios, atrayendo sobre sí la condenación» (Rom 13,1-2).
Pero si bien obedecer, en nuestro Estilo, es difícil en ocasiones, mandar es difícil siempre.
No hay virtud más apropiada al mando que la PRUDENCIA. «Que nos edifiquen los santos, que nos enseñen los inteligentes y que nos gobiernen los prudentes», decían los antiguos.
Quiera el SEÑOR concedernos como gracia especial, en estos días de campamento y Curso de Dirigentismo, a nuestra querida Institución, una cada vez mayor estima y entrega en ese difícil arte de mandar y obedecer que condiciona todo servicio.
Cumpliremos así mejor con nuestra misión.
Fray A. Fosbery O.P.






